Tenerife Norte
CARLOS ACOSTA GARCÍA

Garachico, el poeta y yo


22/feb/03 18:35 PM
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Mi amigo Antonio dice que soy de derechas. La frase ni me enfría ni me calienta, entre otras cosas, porque estoy convencido de que ser de derechas no es pecado mortal. Ni venial, por supuesto. Pero creo también que mi amigo Antonio opina con ligereza. Dice que mis dos recientes artículos tienen un tufo derechista que "tira p atrás". Y todo porque yo cité las calles garachiquenses de Calvo Sotelo y 18 de Julio. ¡Como si yo fuera el creador de tales calles y tales rótulos! Pero como mi amigo Antonio hace sus afirmciones basándose en mínimos detalles, le voy a contar una leve anécdota por ver cómo la encaja.

Resulta que cuando el día 19 de enero de 1991 visitó Garachico el poeta gaditano Rafael Alberti yo formaba parte del grupo de personas que habría de recibirlo. Estábamos el alcalde socialista Juan Manuel de León, el secretario del ayuntamiento, Ceferino Marrero, el concejal, también socialista, Ángel González, y yo. No recuerdo si había alguna otra persona. Si la hubo, que se me perdone el lapsus.

Llevamos al poeta hasta el Risco Partido para que Alberti, siempre marinero en tierra, pudiera ver desde lo alto el mar de Garachico. Alberti, en efecto, gozaba viendo el mar a sus pies. Yo le llevé una antología suya, de Alianza Editorial, que tenía en casa desde no sé cuándo, y él tuvo la gentileza de escribir en su primera página estas sencillas palabras: "Para Carlos Acosta, de su amigo Rafael Alberti, 1991".

Pocos días después, el Ayuntamiento de Garachico adquirió un busto del poeta del 27 para colocarlo en los jardines de la Puerta de Tierra, donde se pretendía hacer un rincón diferente, que se llamaría precisamente "Rincón de los Poetas". Era un busto del escultor yugoslavo Tome Serafimovski, miembro de la Academia de Ciencias y Artes de Yugoslavia.

El día 28 de abril del mismo año se le rindió al anciano vate un homenaje popular. Intervino primeramente el Quinteto Agua Blanca y yo aplaudí con entusiasmo la bella actuación. Luego pronunció un breve discurso el alcalde. Y volví a aplaudir. Hice lo mismo cuando intervino la banda de música de la Villa. Y cuando el grancanario Justo Jorge Padrón nos ofreció su interesante recital poético, yo hice ¡plas, plas, plas! con mis manos.

¡Lo que son las cosas! Yo, que soy de derechas según mi amigo Antonio, aplaudiendo a un poeta comunista. ¡Vivir para ver!

La anécdota no da para más, pero se me antoja que puede ser suficiente. Claro que yo no sé si mi amigo Antonio, al leer estas líneas, cambiará de opinión sobre mi derechismo. De todos modos, antes de escuchar su opinión, he optado por entrar en los jardines de la Puerta de Tierra, pasar ante el busto de Rafael Alberti y decir por lo bajo:

- Ay, Rafael, Rafael. ¡Qué poco te va quedando! Cualquier día alguien te bajará de tu pedestal. Yo no lo veré, pero con las prisas con que corre el mundo...

CARLOS ACOSTA GARCÍA