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GRANDES esfuerzos para pequeñas cosas IMPRESCINDIBLES

El Centro de Atención a Discapacitados Físicos de El Sauzal trata de incrementar la calidad de vida y la independencia de personas con graves deficiencias y escasos recursos.

RAÚL SÁNCHEZ, El Sauzal
27/feb/03 18:35 PM
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Marta Salcedo, una joven diplomada en Terapia Ocupacional, es una de las 36 personas que trabajan en el Centro de Atención a Discapacitados Físicos de El Sauzal. Su labor coincide con el gran objetivo del servicio: incrementar la calidad de vida y la limitada independencia de los usuarios. Cada día, Marta y sus compañeras tratan de que estas personas que sufren graves deficiencias físicas consigan, poco a poco y con grandes esfuerzos, escapar de la cárcel construida por las limitaciones de sus cuerpos.

Asearse, comer, coger la guagua, hacer la compra o manejar dinero son sólo cinco pequeñas cosas cotidianas e imprescindibles que se convierten en auténticos retos para quienes sufren lesiones medulares, enfermedades degenerativas, esclerosis múltiple o hemiplejias.

En esta lucha diaria también contra la baja autoestima y la pérdida de motivación, las dinámicas grupales y los talleres que se imparten en el centro juegan un papel clave. Se dan clases de lectura y escritura, informática, jardinería, cocina, gimnasia, manualidades y conocimiento del medio. Unas sesiones que sirven para paliar la desestructuración cognitiva y funcional que producen la mayoría de las lesiones físicas graves.

Una veintena de residentes

Las personas que residen en las instalaciones, alrededor de 20, y los que acuden al servicio de centro de día, una docena aproximadamente, también pueden disfrutar de sesiones de baño en la piscina del Hogar Santa Rita II, juegos adaptados y salidas semanales al cine y las grandes superficies comerciales. En marzo publicarán el primer número de su periódico y, a partir de octubre, podrán participar en cursos de inglés y de acceso a la universidad.

La Consejería regional de Asuntos Sociales inauguró este centro el día 22 de diciembre de 2001, tras invertir 1,6 millones de euros en la construcción de un edificio sin barreras, con baños y cocina adaptados, jacuzzi, terraza, sala de informática, taller de manualidades, sala de fisioterapia, salón de actos, comedor y 26 habitaciones.

La trabajadora social Elena Suárez señala que este recurso atiende a una treintena de personas de entre 18 y 59 años - la mayoría hombres - , con importantes discapacidades físicas y dificultades económicas, familiares y sociales. En su opinión, "lo principal es acercar a los discapacitados a la sociedad y viceversa".

En este centro, cuya gestión pasará en breve a manos del Cabildo, también trabajan 18 auxiliares de enfermería, cinco limpiadoras, dos auxiliares técnicos educativos, dos cocineras, dos fisioterapeutas, un médico, un enfermero, una psicóloga, una animadora y un monitor deportivo.

El personal y usuarios como Josefa, Jesús, Florentín, Marcial o Francisco recalcan que el ambiente es bueno y que el centro está bien equipado; aunque el tocayo del consejero de Asuntos Sociales echa de menos rampas de emergencia en todo el inmueble. Eso sí, todos se quejan de las "interminables" obras de la céntrica avenida de la Inmaculada, ya que dificultan sus paseos desde hace meses.

Francisco Javier Soler, de Garachico, llegó al centro a finales de enero. Al principio le costó adaptarse, pero ahora lo lleva mucho mejor y dedica la mayor parte de su tiempo a pintar, elaborar cerámica y ayudar a sus compañeros con discapacidades más graves.

Su historia es sólo una de las muchas que encierra este centro, único en la provincia, que abrirá sus puertas a toda la ciudadanía entre el 31 de marzo y el 4 de abril, con la esperanza de que la sociedad deje de dar la espalda a los discapacitados.