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¿Artículo 47?

Dos viviendas de la calle La Bastona, en Santa Úrsula, se encuentran en un lamentable estado, lo que ha provocado una petición de dimisión del concejal de Servicios Sociales, Domingo Mesa (AISU). Agustín Yanes (PSOE) considera "indigno" que haya vecinos "viviendo así".

RAÚL SÁNCHEZ, Santa Úrsula
1/mar/03 18:35 PM
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El artículo 47 de la Constitución Española dice que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada y que los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho. A María Eulalia Tabares Tabares y a Florentina Rodríguez Fernández, dos vecinas de Santa Úrsula, no les suena de nada el artículo 47, pero a diario sufren las estrecheces y carencias de dos casas tercermundistas en una "isla amable".

Los "hogares" de estas dos tinerfeñas se encuentran a unas decenas de metros de la calle La Bastona, en la zona santaursulera de El Cantillo. Aunque para acceder a ellas es necesario recorrer una deteriorada vereda de tierra - con un tramo inicial de cemento - , que en los días de lluvia se convierte en un barrizal por el que resulta muy complicado caminar.

María Eulalia, una mujer separada de 54 años de edad que recibe una Ayuda Económica Básica, comparte con otras dos personas una minúscula vivienda de dos plantas con una superficie total de apenas 14 metros cuadrados.

Su casa no tiene baño ni luz eléctrica - su hijo le compró un motor para poder alimentar la única bombilla de que dispone en su dormitorio - . Su cuarto, sin ventanas ni ventilación, está ocupado casi por completo por una cama. Y entre sus recuerdos y sus peluches tiene que guardar los botes de aceite que no le caben en la cocina: un hueco de un metro de ancho por apenas 1,80 de alto, con una puerta metálica, un poyo de piedra y un viejo camping gas.

En la planta alta viven su hijo - que es el único que trabaja - y su nuera, quienes han tenido que colocar plásticos en las paredes para evitar que el agua se filtre al interior del inmueble.

Estas tres personas tienen que hacer sus necesidades fisiológicas en las huertas cercanas o en el minúsculo aseo de la casa de la vecina, Florencia Rodríguez Fernández, una anciana nacida en 1925, con graves secuelas físicas a causa de una meningitis.

Florencia vive sola. Sus dos hijos han muerto y su familia se reduce a una hermana y una sobrina que le facilita comida y la traslada al médico cuando se pone enferma. Ella apenas puede dominar su cuerpo y le