Tenerife Norte

Los archivos de la memoria


18/sep/03 18:43 PM
Edición impresa

LOS LIBROS son siempre fieles consejeros y educadores, mentores de las ideas, de la imaginación, de la historia, de los pensamientos. Siempre estarán al día estos amigos de papel porque son transmisores de cultura en todo momento, aunque permanezcan olvidados en los anaqueles de la dejadez y la ignorancia. Los libros que son fruto de la investigación de tiempos pasados y que han requerido una dedicación especial, merecen toda consideración y respeto para los que se afanaron en descifrar las crónicas de los anales amarillentos y raídos por la pátina del tiempo, porque se han esforzado en desentrañar antiguas grafías y modos de vivir, desvelando los sentimientos de una época ya dormida en la noche de los tiempos.

Los viejos documentos que han sobrevivido durante siglos en oscuros aposentos con la única luz del día, siempre nos ofrecen una oportunidad de oro para poder desandar el tiempo y reconstruir historias de generaciones pretéritas y desconocidas. Esto hay que agradecerlo al constante anhelo del hombre por dejar constancia escrita de su devenir, y también a quienes se preocupan de cuidar con celo un bien cultural de tanta importancia.

En el ámbito de este pueblo de Tacoronte, desde hace unos años, el Ayuntamiento viene realizando una labor encomiable y minuciosa en la recuperación, clasificación, catalogación y archivo de los legajos históricos que indolentemente estaban en una situación precaria, dejados de la mano de Dios y con serios perjuicios para el acervo cultural del municipio. Hoy, la historia de Tacoronte puede sentirse muy afortunada porque ahora se puede acceder con garantías a la memoria heredada de nuestros antepasados y traer a la actualidad el acontecer de otros tiempos, un acontecer que debemos conocer para valorar con justicia el patrimonio que ellos legaron a nuestra generación.

Pero, a pesar del avance experimentado, aún resta una labor complementaria y básica, cual es tener a buen recaudo y en una dependencia perfectamente acondicionada e independiente, todos aquellos documentos históricos que pertenecen a una época anterior a la era tecnológica, cuando se utilizaban medios manuales y rudimentarios en el devenir cotidiano, sencillamente porque aquellos papeles son irreemplazables y constituyen una huella única del pasado.

En otro sentido práctico, la cultura necesita de muchos incentivos para que el pueblo llano mueva su interés por la ilustración y el saber, aunque las iniciativas valen de muy poco cuando ese mismo pueblo llano no muestra interés por la cultura, instalándose en lo fácil, monótono y rutinario, mientras que son contadas las personas que quitan tiempo a su tiempo para dedicarse a investigar e indagar sobre muchas cosas del pueblo, para conocer la causa, origen y razón sobre hitos históricos relevantes y determinadas personas destacadas que nos han precedido.

Debemos esforzarnos por evaluar con rectitud lo que hemos heredado de nuestros antecesores, simplemente echando una mirada a muchas cosas significativas que existen en el pueblo, que observamos casi a diario sin prestarle atención, sin hacerle preguntas al tiempo acerca de su génesis y razón de ser. Por ejemplo, del viejo siglo XVII podemos contemplar un patrimonio que nos enorgullece gracias a los méritos de quienes lucharon y trabajaron en ello: la hermosa iglesia de Santa Catalina, que fue la primera ermita y parroquia del pueblo; el convento que congregó a los frailes de la orden de San Agustín y que fue sede del Ayuntamiento más de 140 años, el Santuario que guarda la imagen más querida de estos lugares, la solariega y primitiva Alhóndiga, antecedente significativo del Pósito; el sugestivo y romántico Calvario, testigo de tantas cuitas de ayer; las centenarias ermitas que presiden los barrios más antiguos, la singular imagen desclavada del Cristo de los Dolores, efigie señera que caló en tantos corazones.

Todos estos monumentos emblemáticos se conservan como fieles testigos de una época aciaga, cada uno con su génesis y razón de ser, todos testimoniando con su natural presencia el esfuerzo que fue preciso realizar a golpe de buril y martillo por aquellas generaciones que hoy no merecen se les pague con silencio ni con desidia cultural.