Tenerife Norte

La princesa Dácil, ¿historia o leyenda?


27/sep/03 18:43 PM
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A mi primogénita, a mis amigos Pedro y Yaya

y a cuantos tuvieron tan feliz idea.

POR FIN, se despejó el enigma, después de varios meses oculta bajo un negro manto de plástico, la estatua, en actitud sumisa, de nuestra princesa Dácil se descubre para disfrute de vecinos y foráneos. Pero no está sola, su pétreo pedestal lo comparte con un grupo de estatuillas que representan a Tara, diosa de la fertilidad.

La cibernética fuente domina una de las vías de entrada más importantes de La Orotava, para la princesa, Arautava, Arotava o Arartabo, según datas de Tenerife, o quizá Arautaba como nos aconseja denominarla Antonio Cubillo Ferrera en su espléndido artículo publicado en La Prensa separata de EL DÍA , el 8 de marzo del presente año, dedicado a nuestro malogrado amigo Chucho Dorta (Benahuya).

La historia o leyenda llegó a mí hace muchísimos años, tal vez a través de algún libro de Diego Cuscoy. Me fascinó la trama del idilio del poeta Viana, donde nos muestra los amores del capitán de caballería Gonzalo del Castillo con Dácil o Dacila, hija del irascible y aguerrido Bencomo, mencey del Reino de Taoro. El oficial castellano fue hecho prisionero y puesto bajo los cuidados de la hermosa princesa para sanarle las heridas sufridas en una batalla. Según varios historiadores, Del Castillo prestó algunos servicios diplomáticos entre ambos bandos por lo que se hizo acreedor de una cierta estima por parte del mencey de Taoro.

La influencia que ejerció en mí este femenino personaje, fue tal, que junto con mi esposa Mary decidimos darle tan singular nombre a nuestra primogénita. Pero cual fue la sorpresa cuando el párroco de turno nos rechazó categóricamente la idea, alegando que el nombre por nosotros elegido no era cristiano. Ante mi insistencia, llegamos a un acuerdo salomónico, mi hija llevaría primero el nombre bíblico de María, por tanto pasaría a llamarse María Dácil. Cuando ella tuvo el llamado ""uso de razón"", lo descarta, persistiendo para toda su vida solamente el nombre de Dácil. Sin duda las aguas volvieron a su cauce.

No dispuse de nueva información sobre este idilio, pues la trama del romance la copiaban o repetían cronistas, estudiosos, o aficionados, sin aportar nada nuevo, llegando incluso a dudar de su veracidad. Pero en los albores de la democracia, aparece editada en Las Palmas de Gran Canaria, una revista de cariz político, donde en una sesión denominada ""Hombres para la democracia"", se inserta a un letrado apellidado Del Castillo, haciendo referencia en sus datos biográficos a su lejano parentesco con la pareja mencionada. La historia me volvió a interesar.

En 1991, tuvimos la suerte de ser testigos de la publicación de la Historia del Pueblo Guanche de Juan Bethencourt Alfonso, editada en La Laguna por Francisco Lemus y bajo la dirección de Manuel A. Fariña González. Naturalmente indagué entre sus páginas para obtener más información sobre el tema en cuestión. En la página 345 de la mencionada obra, el autor dedica buena parte a Dácil, haciendo mención a unos datos de Núñez de la Peña... ""Infanta de Taoro e hija de Bencomo, llamada después de bautizada Mencías del Castillo"", obviamente por haber contraído matrimonio con el oficial conquistador en la iglesia de la Concepción de Los Realejos. Continua Bethencourt Alfonso: ""esta infanta juega papel importante en el poema de Viana; figura que no fue imaginaria sino de carne y hueso"".

La Asociación de la Prensa Deportiva de Tenerife, en su celebración de la Gala del Deporte, el 27 de febrero de 1998, en Santa Cruz de Tenerife, me obsequia entre otros regalos con un libro de Lope de Vega titulado ""Los guanches de Tenerife y conquista de Canaria"". Mi sorpresa fue mayúscula, pues jamás imaginé que el fecundo poeta y dramaturgo tuviera algo que ver con nuestros antepasados y menos aún con algún episodio de la historia de la conquista. La obra, editada por Cajacanarias, recoge en tres actos la comedia fundamentalmente basada en el poema de Antonio de Viana sobre el idilio en cuestión.

Ernesto J. Rodríguez Abad, en su artículo a modo de presentación en este libro, nos dice: ""En los guanches de Tenerife el ingenioso dramaturgo recurre al tema histórico..."", por lo tanto me alegra pensar que así fuera. Sebastián de la Nuez, también en un artículo de presentación del mismo libro, nos aclara cómo llegó a manos de Lope la información sobre el amoroso poema. Nos dice así: ""Hoy sabemos con detalle, cómo el dramaturgo madrileño coincidió con nuestro poeta épico, el médico Antonio de Viana, en 1602, en Sevilla, posiblemente en las tertulias del poeta y caballero don Juan de Argüijo"".

De un lado, la historia, de otro la prolífera imaginación de Viana; y un servidor, ante tanta duda creada incomprensiblemente por algunos estudiosos, se pregunta: ¿historia o leyenda?