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La prehistórica homosexualidad


14/oct/03 21:05 PM
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CREEMOS QUE NO HAY RAZÓN para rasgarse las vestiduras ni motivo serio para pensar que el fenómeno homosexual humano sea una plaga reciente, como algunos, equivocadamente, creen.

Todo lo contrario, es una evidencia cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, seguramente tan vieja como la propia Humanidad. Centenares de años antes de nuestra era ya existían datos de tal derivación sexual, aunque entonces no se hablara de desequilibrios hormonales y otras jugarretas de la sabia naturaleza.

Las antiguas escrituras ponen de manifiesto los trágicos casos de Sodoma y Gomorra, dos ciudades de la vieja Palestina, en el valle del bajo Jordán, donde a causa de la excesiva profusión de estas prácticas antinatura se desató la cólera divina, destruyendo por completo ambas ciudades bajo una infernal lluvia de azufre y fuego, según el relato bíblico.

Los antiguos griegos debieron ser muy adictos a las prácticas que comentamos, puesto que han llegado hasta nuestros días con el nombre de "amor griego" y se anuncian como tal en cualquier periódico que tenga sección de contactos, como opción "extra", lujo que naturalmente encarece el precio básico del "servicio". Algo así como añadir a un coche el ABS, el climatizador y el CD y que se carga además en la tarjeta de crédito, como cualquier operación comercial moderna.

El gran Platón, cerca de quinientos años a.d.C, ya se ocupó de este fenómeno refiriéndose a él como "tercer sexo". Desde entonces acá, grandes personajes de la historia pasaron por la congregación homosexual: artistas cubiertos de gloria, científicos de altura, premios Nobel, catedráticos, militares, políticos y hasta algún miembro del clero que, como se dice últimamente "ha salido del armario" declarando su "orgullo" gay. Un amigo me decía comentado esto que de dónde habrían sacado tantos carpinteros para fabricar tal cantidad de armarios.

Y es, por lo visto, tan numeroso el colectivo que nos ocupa que, según me contaba ese mismo amigo, un joven que "vivía" desde hace tiempo con otro de su mismo sexo le relataba la situación en su casa, diciéndole que su padre estaba "enrollado" con un compañero de trabajo, su hermano mayor "vivía en pareja", con uno de sus empleados, otro hermano tenía "novio estable" y el más pequeño de todos tenía un "compañero sentimental". Al escuchar tan frondoso panorama familiar, el amigo, sorprendido, le preguntó: "¿pero, entonces, en esa casa a nadie le gustan las mujeres?". A lo que el otro muy serio contestó rápidamente: "sí, a mi madre". Y se quedó tan feliz.