Santa Cruz de Tenerife
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
Oltra tiene la duda de Malbasic, con fiebre, para el partido ante el Osasuna leer

El antiguo Hospital de los Desamparados


24/mar/02 22:05 PM
Edición impresa

El más antiguo de los edificios públicos no destinados a viviendas de la Capital, enclavado también en el entorno originario de Santa Cruz, fue el Hospital de los Desamparados, según explica el historiador Alejandro Cioranescu, una obra, prácticamente tal y como puede contemplarse actualmente, del arquitecto municipal Manuel Oraá, que fue reformada después del incendio ocurrido en 1888.

La asistencia social había corrido a cargo, tradicionalmente, de la generosidad individual y ya en el siglo XVIII comenzaron a crearse organismos de beneficencia particulares, que se trató de unificar y oficializar en 1822, bajo el breve régimen constitucional en el reinado de Fernando VII, en 1837 y en 1841.

Finalmente, en 1853 todos los establecimientos de esta índole pasaron a las autoridades. En la Ciudad, además del Hospital de los Desamparados, se encontraban la Casa de Misericordia, la Casa de Huérfanos y la Maternidad y Cuna de Expósitos, según el relato hecho por el autor de "Historia de Santa Cruz".

Las instalaciones seguían a principios del siglo XIX bajo la administración de una junta de caridad. Pese a su buen funcionamiento en esta época, su situación empeoró rápidamente hasta hallarse en plena crisis y no poder admitir a más de 10 enfermos a la vez hasta que las competencias son traspasadas al Ayuntamiento, pese a su oposición, ya que su presupuesto era, incluso, inferior al del hospital.

Precariedad

La precariedad no mejora y en 1816 sólo se pudo admitir a tres enfermos sin recursos.

En 1888 se declara un incendio en un momento en el que albergaba más de 400 personas, a pesar de lo cual sólo hubo dos víctimas mortales. Tuvo que ser apagado por las bombas de dos buques de guerra franceses que no pudieron evitar la destrucción de la parte antigua.

Para su reconstrucción, que empezó casi inmediatamente, se abrió una suscripción popular que estaba encabezada por la propia reina regente, María Cristina, que donó 3 mil pesetas. La parte nueva, muy reciente, quedó en pie.

Las obras de ampliación, que habían comenzado en 1863, estaban prácticamente terminadas antes de que se declarase el incendio.

Las reformas y mejoras introducidas entre 1888 y 1890 y, posteriormente, en 1920, según explica Cioranescu, "han eliminado mucho de lo que subsistía de la fábrica antigua".