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La historia que fue engullida

El barrio de El Cabo desapareció como tal con la expansión de la ciudad. Apenas quedan testimonios del pasado, de una época de humildes pescadores que forjaron la leyenda de uno de los núcleos fundadores de Santa Cruz. El futuro está en la zona de Cabo-Llanos, pero ahí queda una parte de la historia que debe ser conocida y respetada.

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife
29/jul/02 3:01 AM
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Los viejos molinos, que han quedado como vestigios del pasado en el nombre de una calle, la ermita de San Telmo, el cuartel de San Carlos, ... Son testigos de El Cabo, aquel barrio que dio origen a Santa Cruz, a partir de las gentes más humildes y de los oficios populares, muchos de ellos ya desaparecidos.

El Cabo era camino de paso y lugar de residencia, sobre todo, de pescadores (y pescadoras) y de la gente del muelle, entre ellos los cambulloneros, en general. Siguiendo a Cioranescu en su "Historia de Santa Cruz", "había sido una zona olvidada por un siglo y medio de actividades urbanísticas, casi siempre por falta de comunicaciones con el núcleo central de la ciudad, una incomunicación que resultó casi total en algunas épocas". Por lo tanto, aislamiento y lugar de tránsito, amén de especialización industrial de la mayor y mejor parte de su solar. Así lo explica Cioranescu: "Antes de que existiera el puente Zurita se subía a La Laguna por El Cabo y el camino de la ermita de San Sebastián. Era un camino malo, con una pendiente muy fuerte".

La vida no era fácil: epidemias, aguas negras procedentes del barranco de Santos, temporales como el de noviembre de 1826, escasez de agua potable... Siguiendo a Cioranescu: "... Se encontraba entre el foco de infección de las aguas del barranco de Santos, el vertedero de inmundicias de la calle de la Muralla y el cercado en el que las hermanas de la caridad crían sus cerdos". Entre sus tesoros mejor guardados, lugares emblemáticos ya desaparecidos como la Caseta de Madera, la Fábrica del Gas o el campo de fútbol de El Chovito.

Identidad

Sin embargo, de allí surgió una identidad muy fuerte, la de los pescadores o cambulloneros que llevaron siempre con orgullo su condición de nacidos en El Cabo o Los Llanos, con algunas señas invariables a lo largo de los años, entre ellas, por ejemplo, la del Real Unión de Tenerife, su equipo de fútbol, un club que todavía sigue vivo.

En cuanto a Los Llanos, pues muy fácil: nunca existió. En principio era un lugar marginal de la ciudad, maldito por su Lazareto, donde llegaban los viajeros marcados por las epidemias.

Fue quedando a espaldas de la urbe y allí se establecieron las pocas industrias de Santa Cruz. Pero, sobre todo, nunca existió sino como parte de El Cabo, "llanos por la parte del mar, los llanos de los molinos".

Pese a ello, el lugar común quedó en la memoria colectiva de los descendientes de aquéllos que habitaron la zona y que sueñan con volver, nostálgicos. Lo hacen cada año en verano, con ocasión de las fiestas marineras. Murió el barrio, pero no los recuerdos.

Y llegó la época actual, aunque la idea de expansión al Sur en Santa Cruz es muy antigua. Tanto, que desde 1881 se estudiaba un ensanche de la ciudad entre el barranco del Hierro y Taco. Había que cambiar la entrada a la Capital