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El colegio Montessori: otra manera de

Abierto desde 1964, el centro permanece activo para ofrecer una peculiar forma de enseñanza, siguiendo libremente el método de la doctora y pedagoga italiana.

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife
25/nov/02 20:10 PM
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Todo el mundo lo conoce como el "Mae", abreviatura de maestro, pero su nombre es Antonio Castro Álvarez. Lleva más de 50 años dedicado a la enseñanza y se mantiene como director del Colegio Montessori, ubicado en la calle Emilio Calzadilla y que fundó junto a otros compañeros en 1964. Pronto cumplirá su cuarenta aniversario, pero Mae no se cansa de seguir en la brecha: "Es como si se lo preguntaran a un pintor o a un escultor. Imposible".

Por sus manos han pasado muchísimos alumnos que han recibido una formación integral para moldear una personalidad especial, un perfil de estudiante definido, con un sentido crítico de la vida como característica más acusada.

El Montessori atraviesa una de esas pequeñas crisis cíclicas de su historia, pero allí reciben instrucción cada día 240 niños desde Primaria hasta cuarto de la ESO, de 3 a 16 años.

A ello se dedican 26 personas, entre profesores y el resto del personal.

Los orígenes

Mae habla de los orígenes del colegio: "El Montessori nace de la idea de un grupo de personas por necesidades ideológicas. Empecé dando clase en mi casa y luego llegaron sucesivas ampliaciones. Buscábamos introducirnos en la educación con un planteamiento diferente al oficial, algo que entonces era muy difícil. Le pusimos de nombre María Montessori porque sabíamos que era una mujer socializante de la Escuela".

Precisamente, respecto a la figura de María, Mae reflexiona y no duda en apuntar que "como a todos los pedagogos, hay que saber acercarse a ella. Hay una parte buena para nosotros, la revolucionaria, y otra que no nos interesa. Respecto al método al Montessori, el mejor ejemplo de cómo desarrolló su tarea está en libros de la época en la que fue enseñante, como el Corazón de Edmundo De Amicis. María fue una pionera a finales del siglo XX cuando se convirtió en universitaria en contra del criterio de su padre y de la sociedad. Luego, después de terminar Medicina, empezó a preocuparse por el niño y a través de él llegó a ser maestra. En esta profesión, que desarrolló en ciudades como Roma, Milán o Turín, cambió muchas cosas, que se resumen en socializar la escuela. Más tarde se exilió en Suiza huyendo del fascismo. Viajó a Barcelona donde conoció a Ferrer y Guardia y su particular metodología de enseñanza. La evolución posterior hasta llegar a la actualidad, en la que es un método carísimo, distribuido por todo el mundo, no nos interesa. Con respecto a esa herencia, vamos por libre".