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En la frontera del vandalismo

Los ciudadanos no son ajenos a la "fiebre" desatada
en el patrimonio común de la ciudad. Consideran
que la oleada de grafismos - en sentido amplio -
emborronan sus espacios. Los invitados separan lo
que es expresión plástica y una pura gamberrada.


30/mar/03 2:27 AM
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Muchas de las manifestaciones "espontáneas" garabateadas a base de botes de espray, un buen número de ellas imposibles de encuadrar en propuestas estéticas o artísticas, caen ya en la burda gamberrada o vandalismo, deteriorando con ello elementos arquitectónicos, espacios y rincones valiosos y con tradición de nuestras urbes. Precisamente, los contertulios en este debate contrastaron opiniones y puntos de vista sobre las posibles pautas que los "artistas callejeros" podrían seguir para que su libertad de acción no irrumpa donde empieza la de los demás.
Maribel Nazco, decana de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna y artista comprometida; María José Gutiérrez Pajarón, portavoz del Partido Popular en el Ayuntamiento de Santa Cruz; David Sáenz, concejal de Servicios Públicos de la corporación capitalina; Plácido Mejías, edil responsable de Turismo y Juventud del consistorio lagunero; y los estudiantes de Bellas Artes Joaquín Álvarez y Ayoze Jiménez profundizaron y delimitaron también muchas ideas preconcebidas, dejando bien clara la diferencia entre lo que puede ser un buen exponente de arte urbano, incluso perdurable en el tiempo e interesante para la ciudad, y lo que es pura gamberrada, tan dañina y contraproducente como la que deriva en destrozos como los últimos en las fuentes de la plaza Weyler y de la Alameda del Duque.
De cualquier forma, los invitados dialogaron sobre los matices existentes entre grafiti, un fenómeno cultural valorado que surgió en los años 60 - 70 en las grandes ciudades, incluso tratado en asignaturas universitarias, objeto de numerosísimos estudios y tesis doctorales, y lo que son meros mensajes en clave, pintadas y firmas que se plasman impunemente en lugares a todas luces inadecuados.
Sobre el grafiti, denominación que hoy en día quizá se estire en su significado para denominar toda una gama amplia de pintadas, Maribel Nazco resaltó su fuerza comunicativa y su carácter combativo en el hip - hop, aunque la experta reivindicó a ultranza la confección de murales y frescos en espacios adecuados, "que duren toda la santa vida", para lo que existen aquí muy buenos artistas.
Tanto Joaquín Álvarez como Ayoze Jiménez defendieron un recurso comunicativo y expresivo ahora en boga, como es el grafiti, y la libre forma de plasmarlo para embellecer un muro abandonado o un espacio cuya utilización no atente al ámbito público o privado. Álvarez remarcó que, por supuesto, ese respeto tiene que partir del propio artista.
Ambos coincidieron en que el grafiti es un tipo de arte con frescura, en el que no se necesita estar pendiente del soporte (vale un muro deteriorado o de una obra), "siempre que no se incordie a nadie".
Jiménez, que recalcó que siempre pinta a plena luz del día, fue explícito sobre la libertad propia del grafiti: "Un domingo, a las cuatro de la madrugada y dos botes. Es una sensación fuerte y piensas: ¡la ciudad es tuya!".
Plácido Mejías manifestó que desde el área de Juventud de La Laguna "hemos procurado siempre dar la oportunidad a expresarse a la gente del grafiti con concursos, ofrecer paneles; incluso, dentro del Plan Urban, en muros de cerramiento de solares vacíos".
Remarcó que "en La Laguna, donde hay un gran compromiso con el patrimonio, no es de recibo esa cantidad de grafismos en una pared de tres siglos de existencia. Así que, dando las facilidades, algo se ha conseguido y se han evitado esas escrituras y mensajes en sitios nobles. En la casa de Los Capitanes, por ejemplo, han aparecido esta semana".
"Punto de encuentro" María José Gutiérrez condenó cualquier tipo de vandalismo. Efectuó un sintético repaso histórico del grafiti y destacó sus características como expresión espontánea, ilícita y efímera en el entorno urbano, nada que ver con pintarrajear la fachada de una casa, de una estatua o de una fuente. Abogó por buscar un punto de encuentro para alcanzar soluciones idóneas, aunque reconoció que si se intenta "institucionalizar" este tipo de actividad, perdería algo de su espíritu y esencia original. Por su parte, David Sáenz, como edil encargado de que se limpien esas marcas en la ciudad, fue tajante en una idea básica: existe una legalidad vigente, unas ordenanzas municipales que prohiben expresamente esas vertientes pictóricas y "comunicativas" en la vía pública.
Recordó que el Ayuntamiento de Santa Cruz apostó en su día por la famosa campaña de murales para el embellecimiento de paredes medianeras en la ciudad que tenían deterioro. También diferenció lo que puede ser pintura mural, que debe atender a los muy diversos gustos de los ciudadanos. "Entiendo el grafiti más como arte pictórico que no como expresión. En este sentido, hay que hacer la puntualización: existe el artista y el gamberro, sin más".
El concejal hizo una llamativa comparación y sugerencia: "En otros tiempos se utilizaba el tronco de un árbol para grabar mensajes de amor y firmas a navaja, algo que podía atentar contra la naturaleza, pero que ya está en desuso. Ahora también se da, pero con el espray".
Ayoze indicó que esto es un pueblo y en el mundo de los grafitis, donde se manejan más de 120 gamas de colores, nos conocemos todos.