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La MAGIA perdida del CINE de BARRIO

"Cine... Hoy, gran estreno de la superproducción La naranja mecánica , la obra maestra de Stanley Kubrik, en V.O. subtitulada. Funciones: 6:30, 8:30 y 10:30". Podría ser el reclamo más o menos imaginario de cualquiera de aquellas casi veinte fábricas de sueños que poblaron Santa Cruz no hace tantos años. Pasen y vean cómo era esa época.

JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tenerife
9/abr/03 3:38 AM
Edición impresa

Después de que pioneros como José González Rivero o el palmero Miguel Brito abrieran el camino del incipiente cinematógrafo en Santa Cruz, fue el añorado Parque Recreativo el primer lugar en el que los chicharreros conocieron el cine como fenómeno de masas propio de la mayor parte del siglo XX.

Estas líneas no pretenden hacer erudición sobre el tema, sino simplemente recordar qué fue de aquellos locales que tanta vida dieron a los barrios, con su magia, y que despertaron los primeros sueños de sus visitantes.

Las nuevas generaciones no los conocieron tras ser absorbidos por las reglas del mercado y la rentibilidad, y sustituidos por los multicines, donde el negocio prima al concentrar más gente de distintas edades y poder adquisitivo. Los más maduritos suelen recordarlos con nostalgia, tal vez añorando momentos inolvidables, desde las primeras salidas en pandilla para acudir al matiné hasta el inicio en las artes del amor, bastante cándido, por cierto, en la mayoría de los casos.

En una época no muy lejana, aproximadamente hace un cuarto de siglo, la capital llegó a tener hasta una veintena de salas de proyecciones, concentradas en dos zonas: la de El Toscal o parte baja y la de la Rambla-Salamanca.

En la primera de las mencionadas, además del Parque Recreativo, que era de todo, incluido sala de cine, se ubicaban el Ideal Cinema, entre San Francisco Javier y Doctor Guigou, al aire libre, que luego fue cancha deportiva y actualmente un edificio de viviendas; en La Rosa, el Real Cinema, o Toscal con anterioridad, que también es ahora un inmueble y que inauguró las películas "S", precursoras del posterior cine "X" o pornográfico; el San Martín, luego pabellón deportivo, y el Royal Victoria, también en La Rosa, cuyos días murieron para terminar convertido en zona de locales y bares.

Junto a los anteriores, en El Toscal, por proximidad geográfica habría que incluir también en este inventario al Numancia y al Rex. El primero derivó muy pronto hacia un estilo más "culto", que lo convirtió en sus últimos años en una sala de versiones originales (V.O.) con subtítulos en español donde se estrenaron, por ejemplo, "La naranja mecánica" o "Tommy", el musical de Roger Daltrey, líder de The Who. En la actualidad, el local lo ocupa un gimnasio.

El Rex, por su parte, era en la época, junto al Víctor o el Greco, de los cines más lujosos de la ciudad por el acabado de su decoración y la amplitud de su pantalla. Después de bastante tiempo de inmerecido abandono, el espacio se encuentra ocupado por una bolera. Allí, la juventud de los 80 alucinó con los bailes de Travolta y Olivia Newton John en "Grease".

La zona alta

El otro gran núcleo de vida cinematográfica en la capital era la zona de Salamanca y la Rambla, donde se concentraban en menos de un kilómetro gran cantidad de salas.

Hay que empezar por el Víctor, solera y tradición. Hasta hace muy poco resistió los embates de la modernidad y se mantuvo como sala de proyecciones. Ahora está alquilado por el Cabildo por dos años renovables para dedicarlo a auditorio o también al cine, pero en actividades específicas como foros, ciclos y demás.

Algo más arriba del Víctor, ya en General Mola, estaba el Cine La Paz, cuyo hueco está hoy en día ocupado por un salón de juegos recreativos. Cruzando la acera se encontraba el Cinema Victoria, ahora apenas un sótano sin utilidad específica, pero que tiene su historia, la del estreno de "Delicias turcas", la película de Paul Verhoven en su etapa holandesa que inauguró un período de filmes de contenido erótico en pleno período del destape, tanto físico como intelectual, para una sociedad en transición. Dicen que la cola para comprar las entradas en la taquilla daba la vuelta a la manzana.

Justo pegado al Cinema Victoria se encontraba el Teatro Baudet, otro local emblemático en Santa Cruz . El estreno del "Ghandi", de Sir Richard Attemborough, marcó su apogeo, en aquellas butacas de madera que, además, marcaban una parte peculiar de la anatomía de cualquier hijo de vecino.

Mención aparte merecen los Minicines Charlot.

Surgieron como un experimento, casi de manera paralela a los multicines. Ubicados en la calle Santiago Cuadrado, en la zona de Salamanca, no tuvieron demasiado éxito y hoy el local está ocupado por una academia que prepara para hacer oposiciones.

Caso aparte es el del Yaiza Borges, antes Cine Tenerife. Situado en el camino hacia la parte alta de la ciudad, en el barrio de Buenavista, intentó ofrecer a través del colectivo de creadores que le da nombre y que recientemente cumplió 25 años de vida, un cine de calidad, comprometido y de autor, que no siempre fue entendido en unos años complicados, en plena transición. Una vez perdida esta función, hace tiempo que su sitio lo ocupa un gimnasio.

Mención y recuerdo para tres cines que estaban fuera de los ámbitos geográficos mencionados: el San Sebastián y el Moderno, al final de la vía que discurre paralela al Rodríguez López, y el Avenida, en la calle Buenos Aires.

Este abanico histórico no puede terminar sin mencionar la plaza de Toros, símbolo de la ciudad también en este apartado. No había verano sin cine al aire libre en la plaza, donde las películas, por lo general de serie algo más baja que la B, eran el pretexto ideal para huir durante un par de horas de la caníucula y reunirse con los amigos para pasar un rato divertido.

La transición dio paso a las salas múltiples. En Santa Cruz comenzaron con los pioneros Oscar s, que se mantienen hasta la actualidad, gozando de buena salud.

No hay olvido para dos grandes recintos para la memoria de los chicharreros. El Greco y el Price fueron cines de solera, con matinés y NO-DO antes del pase de las películas, pero, tras reconvertirse, resurgieron transformados en multicines para seguir brindando un ratito de ilusión, algo distinta, pero ilusión, al fin y al cabo, al que se adentra en la oscuridad de la sala.

Ha sido un recorrido algo apresurado, partiendo de la nostalgia. Era lógico que los años "se comieran" el espacio de los cines viejos y que surgiera otro concepto de las películas para las masas. No hay nostalgia de algunas cosas, pero otras no volverán. Las cotufas se mantienen, pero cada vez más sintéticas; el destape de los 70 ya ni tiene sentido en una sociedad democrática consolidada, y el NO-DO se acabó sin ser sustituido por esos cortometrajes que no encuentran salida comercial. ¿O es que seguimos soñando?