Santa Cruz de Tenerife

GRAFFITI: Un espacio para la libertad de expresión

Denostados por muchos e incomprendidos por casi todos, esos jóvenes que decoran muros y paredes en blanco se consideran artistas y lo reivindican. Iván, uno de ellos, ejerce de portavoz.
JOSÉ D. MÉNDEZ, Tenerife
7/jun/03 9:37 AM
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JOSÉ D. MÉNDEZ, Tenerife

Iván es un veterano de la "pintada", pese a tener apenas 21 años. Desde el 98 forma parte de ese grupo de algo más de 20 personas, jóvenes en su mayoría, aunque éste es otro mito no del todo cierto porque también hay gente de más edad, que en cuanto pueden echan mano del "spray" y se ponen a pintar, siempre con sentido artístico, en las paredes en blanco de la ciudad. Son, tal y como ellos mismos se definen, los "escritores".

Iván, que ejerce de improvisado portavoz del colectivo, vive en el barrio de Ofra, donde suele actuar, y lo primero que plantea es una definición clara de lo que no es "grafitti" al describir a supuestos competidores en la apreciación del público en general: "A nivel particular, y creo que es algo que se nos puede aplicar a todos los que nos dedicamos a este tema, rechazamos a los que ensucian las paredes y no digamos ya a los que manchan el mobiliario urbano, las señales de tráfico, los monumentos o, incluso, las viviendas y la propiedad de las personas. Eso lo puede hacer, además, todo el mundo. El graffiti es otra cosa".

También hay, lógicamente, una definición en positivo: "El graffiti es un modo de expresión para todo el mundo, abierto, por el que se pretende exponer algo diferente, individual. Cada pieza es distinta y supone un reflejo de la creatividad personal. También es una manera de darte a conocer, de tener cierta fama. Normalmente, hay que realizar un proceso de elaboración partiendo de un boceto previo que luego puede cambiarse o no durante el trabajo. Otra gente no hace ese boceto, sino que va pintando según se inspire".

La marginalidad es un sambenito que se asocia a la pintada. Para Iván, " es cierto que, como en mi caso, se empieza a escondidas y de noche, algo normal para iniciarse como escritor, pero es, sobre todo, porque no se tiene experiencia sobre lo que nos podríamos encontrar. Luego sí se actúa a la luz del día porque este es un arte urbano y hecho para ser mostrado".

La evolución de Iván en este aspecto resulta evidente y le lleva a la reflexión en voz alta: "Ahora pinto siempre de día y aquí la sociedad es más permisiva con nosotros que en la Península, según nos cuentan compañeros de allí. Tal vez piensen que para que la pared esté sucia o en blanco, mejor que se pinte un mural bonito".

Algunas características  

Iván trabaja y se dedica al graffiti como "hobby". Ha pintado para la decoración de locales o discotecas, pero no ve en este campo una salida profesional, "aunque hay gente con mucho nivel". No está de acuerdo, al igual que la mayoría de sus colegas, en habilitar un recinto acotado en la ciudad para que pinten. Y lo razona: "Este mundo no quiere control y lleva implícito cierto sentido del riesgo y de la rebeldía. Conozco a quien, como reto, ha firmado incluso en un coche de la policía, pero me parece horrible, yo no lo haría".

Iván explica cómo la actividad de los escritores se inició en los años 70 en los vagones del metro de Nueva York, en el Bronx, y luego fue exportada al mundo. Indica que usan un spray especial, de la marca Montana, que tiene la exclusiva universal del producto. Iván gasta entre 40 y 50 euros mensuales en comprarlo, así como en otros materiales.