Santa Cruz de Tenerife

La sala de exposiciones, el orgullo de los residentes


J.D.M., S/C de Tenerife
8/jun/03 9:46 AM
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J.D.M., S/C de Tenerife

En el mismo lugar donde estuvieron las históricas piletas y aprovechando ese emblemático espacio, el ayuntamiento ubicó, hace ya 21 años, desde el 26 de enero de 1982, la sala de exposiciones Los Lavaderos, motivo de orgullo para los vecinos del barrio capitalino. Allí se ha respetado la tipología del inmueble y las piedras de lavar son el centro del conjunto arquitectónico. Marina Cabrera expresa su pasión por este entorno protegido por algo más fuerte que la gente, la tradición y el respeto por el pasado: "Este entorno es único en el mundo y lo digo con conocimiento de causa porque he estado en lugares similares de casi toda Latinoamérica". "Aquí, ?agregó? desde el 4 de abril de 1839, lavaban mujeres de toda la ciudad, algunas para los cuarteles o los barcos que iban a Cádiz y tardaban ocho días entre la ida y la vuelta. Conservamos las piedras como estaban, ahora mismo servirían y garantizo que la ropa quedaría mejor que haciendo la colada en una lavadora. Además, está el tanque, un patio central maravilloso desde donde se conducía el agua hasta la pileta a través de tajeas".

La Virgen de Fátima es la Patrona y "la madre" de Los Lavaderos. El pasado 13 de mayo, con una misa de campaña oficiada por el obispo, Felipe Fernández, se conmemoraron los cincuenta años de la presencia de la imagen en el barrio.

Llegó por el donativo de fieles, no sólo de Los Lavaderos sino de toda la zona baja de la ciudad. Hasta entonces, a la Virgen se la veneraba en San José, pero con el dinero recaudado se compró una imagen en Olot (Gerona) que actualmente está en la capilla.

El recuerdo de los artífices figura en un cuadro que ocupa lugar destacado en el local. Antonio Díaz Palazón, presidente de la asociación de vecinos; el vicepresidente, José del Castillo; el secretario, Manuel del Castillo; los vocales, Juan Frías, Juan Cabrera, Domingo Bolaños, Francisco García y Miguel López, además de la propia Marina Cabrera. Allí estuvieron familias enteras, conocidas con su apodo, la forma popular de llamar a los demás, que ha llegado hasta nuestros días, pasando de generación en generación, con una sola idea común: poder vivir en Los Lavaderos.