Santa Cruz de Tenerife

Voluntaria de solidaridad

Después de nueve años en la Asociación Española contra el Cáncer y toda una vida dedicada al trabajo con los demás, Mari Carmen Cejudo, una santacrucera de pura cepa, mantiene viva como el primer día la llama de la ilusión por ayudar al prójimo, una labor que ha convertido en razón de ser.
JOSÉ D. MÉNDEZ, Tenerife
24/jun/03 18:12 PM
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Mari Carmen Cejudo inspira serenidad desde el primer momento, aunque se nota que en su interior hay un volcán de actividad dispuesto a explotar para ayudar a los demás. Estas dos características se funden en una mujer singular, nacida en la capital tinerfeña y que desarrolla en ella su actividad como voluntaria desde hace nueve años, en el marco de la Asociación Española contra el Cáncer.

Mari Carmen se presenta: "Tengo 56 años y llevo más de veinte dedicada a labores de voluntariado. Los últimos nueve, dentro de la asociación". De este colectivo, Mari Carmen dice que "está muy bien organizado, es un lujo trabajar aquí". Lo afirma con rotundidad, pero sin darle más importancia, desde una posición de humildad que desarma.

Mari Carmen, que empezó atraída por un anuncio en prensa, tiene su ámbito de trabajo en el área metropolitana, ya que suele realizar visitas a los dos grandes hospitales, el HUC y La Candelaria, donde ve a una media diaria de quince enfermos. Su primera intención fue dar clases, pero terminó por desarrollar esta tarea.

Nuestro personaje trabajó du-rante muchos años en oficinas y combinó muy bien su actividad con el voluntariado porque, como ella misma dice, "siempre he sido muy disciplinada y cumplidora". El pasado año, Mari Carmen dejó su trabajo y ahora centra su mundo laboral en exclusiva en el voluntariado. Y tan feliz: "Hago más horas que cuando era remunerado, pero es que el agradecimiento no es el sueldo, como en los demás trabajos, sino algo más fuerte y profundo, difícil de explicar, una enorme satisfacción".

El día a día es duro: "Están desde los que realizan el imprescindible trabajo administrativo hasta los que colaboran o son remunerados, pero con un nivel de entusiasmo que contagia a los demás. También son voluntarios".

En concreto, Mari Carmen, además de alguna labor burocrática, centra su esfuerzo en la visita a hospitales, "la actividad que la asociación cuida con más mimo. Llevo nueve años acudiendo a La Candelaria y desde el año pasado, con más tiempo, al Hospital y a Paliativos, junto al HUC". Pero no está ni mucho menos sola: "Somos un grupo de 50 voluntarios en esta actividad concreta, que consiste en visitar todas la plantas donde hay enfermos oncológicos y una vez allí hacerles compañía, animarlos, hablarles en la medida que quieran o, simplemente, trasladarlos de un lugar a otro y darles el periódico del día. También les prestamos asistencia a nivel de papeleo o en cualquier problema que les pueda surgir en el centro". De lo malo habla poco: "He tenido muy pocas anécdotas negativas, las olvido y las disculpo por venir de personas que se encuentran mal".

Como conocedora de los efectos de una enfermedad tan terrible, significa que "cada caso es un mundo, pero un componente común sería el miedo, que ves reflejado en los ojos de la mayoría de los pacientes. En las conferencias realizadas hace unos días, la actriz Florinda Chico decía que es una enfermedad familiar y me parece una reflexión muy acertada porque se involucra todo el mundo y al ser un proceso largo cambia absolutamente todo en la persona y en su entorno".

Otro aspecto a destacar es, precisamente, el de la familia: "Hay personas solas a las que nuestro ánimo, una cosa tan pequeña, les produce un gran bien. Volviendo a la reflexión de Florinda Chico, decía que de los suyos pedía cariño, pero no compasión, un sentimiento que el enfermo rechaza".

Mari Carmen abunda en el tema del entorno más cercano: "Es algo importantísimo y lo dicen los propios enfermos. La familia lo hace todo y más aún en estos tiempos de prisa para todo en los que vivimos. Esta enfermedad pide que estés al cien por cien con tu ser querido enfermo y eso es muy duro. Además, el paciente se aferra a una persona cercana, esposo o esposa, hermanos, que vive y sufre el proceso más que el resto del entorno. Esa persona tiene una terrible responsabilidad".

La experiencia de tantos años lleva a Mari Carmen a dar algunas claves poco conocidas de la enfermedad y su proceso: "Algo muy positivo es el humor, pero suave, bromas sobre aspectos cotidianos. Eso los anima mucho".

La evolución de la enfermedad en estos años la evalúa esta voluntaria "positiva en el sentido de que el enfermo afronta más y mejor que tiene cáncer, algo innombrable antes. La familia también y acepta de buen grado a los voluntarios como un apoyo paralelo a médicos y enfermeras. Este último sector, el profesional, después de algunas reticencias iniciales, entiende cada vez más nuestra labor". A nivel global, "la sociedad, aquí en Santa Cruz, cada vez es más solidaria y eso se nota, por ejemplo, el día de la cuestación anual porque siempre hay alguien vinculado que sufre la enfermedad". Los jóvenes "preguntan mucho. Doy clases en colegios, como la Asunción, y lo ven como algo misterioso a descubrir".