Santa Cruz de Tenerife

Los vecinos de las cumbres encabezan la plataforma contra el radar de Anaga

Los afectados denuncian que se está cometiendo un ""atentado ecológico"" en la antigua Cruz de Taborno, y que más de 7.000 metros cuadrados de laurisilva ya han sido arrasados.
EL DÍA, S/C de Tenerife
26/ago/03 19:26 PM
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Una veintena de vecinos de las cumbres de Anaga y sus caseríos apadrinaron en el mediodía de ayer la presentación de la recién constituida Plataforma Ciudadana contra el Radar de Anaga, en el transcurso de un original acto que se desarrolló a escasos 150 metros del ""lugar de los hechos"", donde se desarrollan las obras de construcción de la citada infraestructura.

Según Aena, el radar se dedicará al control del tráfico aéreo, un uso más que discutido por los oriundos del lugar. ""¿Quieren instalar en Anaga el radar que antes se iba a ubicar en Malpaso (El Hierro)?"", una pregunta que dejan en el aire, mientras se centran en el daño que se ha causado a los más de 7.000 metros cuadrados que ya han sido talados y que antes ocupaba el monte de laurisilva.

Por si fuera poco, también denuncian un agravio comparativo: ""Las administraciones ejecutan obras dentro del Parque Natural de Anaga, en el que tenemos nuestras tierras y nos niegan las licencias de construcción por carecer de la calificación de asentamientos"".

La presentación no sólo fue singular por el lugar donde se realizó, sino también por quién abandera la iniciativa y por cómo se desarrolló. La portavoz de la plataforma es Alicia Hernández, una joven que reside desde hace algunos años en Anaga, ""de donde me sacarán en cuatro tablas"", afirmó con el orgullo de quien defiende con sentimiento sus ideales. Ella, al igual que gran parte de los miembros de la nueva asociación, se dedica a cuidar sus cabras, aunque desconoce por cuánto tiempo podrá mantener esta ocupación.

Tras recordar que el depósito regulador de aguas que abastece la península de Anaga se encuentra a 30 metros del radar, los convocantes de la presentación improvisan una excursión a la Cruz de Taborno, para argumentar sus protestas. En el recorrido, el visitante revive la experiencia de quien antes ha paseado por las vueltas de Taganana. Un diminuto ""pasillo"" permite bordear, entre vegetación, una pequeña loma, con hojarasca y piedra bordada en musgo que dificulta el paso del inexperto excursionista.

Los primeros detalles irregulares se detectan en una alambrada de espinos que se confunde entre los matorrales. Más adelante, un muro de contención, embellecida con pizarra foránea, sustituye la alambrada. Los vecinos proponen ascender por un pequeño promontorio de tierra y advierten: ""Preparen las cámaras. Ahí está el radar"".

Siguiendo instrucciones, suben todos a una. La meseta de la Cruz de Taborno ha perdido su cruz y en su lugar aparecen medio centenar de ""setas electrónicas"" que son el paso previo del futuro radar: escenario ideal para una película de extraterrestres. Aprovechando que el vigilante y sus dos perros están en el otro extremo del lugar, los fotógrafos no paran de disparar sus cámaras. El individuo advierte la presencia de los intrusos y corre a espantarlos: ""Esto es propiedad privada y no pueden estar aquí"", afirma, ante la atenta mirada de los canes, dispuestos a buscar camorra. Uno de los excursionistas pone orden. ""Este hombre se está ganando su pan, no tiene culpa"", explica, mientras Elías, un cabrero, le hace frente, y espeta: ""Esto no es privado, es del pueblo"".