Santa Cruz de Tenerife

Chamberí, a las barricadas


HUMBERTO GONAR, Tenerife
12/nov/03 22:23 PM
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HUMBERTO GONAR, Tenerife

A primeras horas de ayer los vecinos de Chamberí instalaron una sábana con la leyenda "este puente se cae, el próximo puedes ser tú" para recibir a la prensa, a la que citaron a las 10:00 horas. Quince minutos antes, el servicio de mantenimiento de carreteras deshizo la parafernalia y sembró la indignación entre los residentes, que llamaron por teléfono a su concejal de zona, José Carlos Acha, para advertirle de que iban a cortar el acceso al barrio. Hasta llegaron a plantear interferir el tráfico de la Autopista del Norte.

Acha pidió un "tiempo muerto". Dijo que estaba en ese momento reunido con los técnicos del Cabildo para resolver la obras de la pasarela. Su interlocutor, el presidente de la asociación, Juan Carlos Concepción, no pudo más y le espetó un "no te creo" antes de cortar la comunicación. Acha volvió a llamar. Concepción le colgó el teléfono. Al tercer intento, el concejal le promete que llegará en unos minutos. Así fue.

Tras el chaparrón de críticas, Acha compromete un acuerdo para iniciar las obras de inmediato. "Esta noche el Cabildo iniciará los trabajos, se los aseguro". José Luis Concepción, vocal de la asociación y hermano del presidente, no atiende a palabras y exige "que venga Lorenzo Dorta, consejero insular de Carreteras. Él es el responsable". Acha echa mano al teléfono e intenta contactar con Lorenzo Dorta: "Lo siento, pero está reunido en el Norte".

En un intento por buscar resuello, el concejal abandona el barrio para atender una reunión y los vecinos, ni cortos ni perezosos, deciden cerrar el único acceso desde la autopista. ¡A las barricadas! Primero, contenedores de basura; más abajo, una hilera de piedras que quedaron olvidadas de las obras en la autopista del Norte. Para intensificar el atasco y que hiciera temblar a los usuarios de la TF-5, los vecinos emprenden con palets de madera el asalto a las proximidades de la autopista, formando un lío monumental. Unos conductores quedaron dentro del barrio, otros no podían entrar ni maniobrar y los más desesperados hasta intentaron la odisea de salir en dirección contraria por el desvío de acceso a Chamberí. De nuevo, el grito de guerra: "¡Hasta que no venga Lorenzo Dorta no cesaremos en nuestra protesta!".

Aparece la Policía. Primero la Local; luego la Nacional. Los agentes municipales intentan sortear el caos en el tráfico, aunque para ello tuvieran que intervenir en los límites de la autopista. La nacional se acerca. Con los vecinos de uñas, les dicen: "Sólo queremos saber lo que piden. Nada más. Si ustedes se han movilizado, seguro que es por algo bueno", comenta un agente en tono de complicidad.

Después de explicarle la mala situación del puente, irrumpe en la conversación el sargento Nieves, de la Local, que ve los cielos abiertos cuando descubre entre los manifestantes a un conocido que lo hizo amigo y hasta se fundió en un abrazo para ganarse a los vecinos. El saludo de cortesía incluyó la petición de la filiación. Poco después los vecinos descubrieron los daños colaterales de la protesta: "300 euros de multa por la protesta para los dos hermanos", considerados los cabecillas.

En medio de este guirigay no faltó un altercado con un mayor que pretendía entrar con su señora al barrio y se enfrentó a sus vecinos, o la súplica del encargado de una obra que le pidió a los hermanos Concepción que les dejaran entrar una hormigonera. "Tengo ahí dentro un millón de pesetas, si no lo dejan pasar pierdo el dinero". Finalmente se avinieron a razones.

Entre tanto, un joven motorista intenta hacer la pirula a los críticos que se apostaban sobre los contenedores. "Ni se te ocurra pasar", le advirtieron. Tras intercambiarse los recuerdos propios para las respectivas madres, el pibe, humillado, sólo se consuela con un "me voy, pero me quedo con tu cara", le espetó a uno de los Concepción.

El tiempo pasa. Después de casi tres horas, regresa Acha. "Ustedes quieren hablar con Lorenzo Dorta, pero no puede venir. He contactado con el director general de Infraestructura Viaria del Gobierno de Canarias y está dispuesto a reunirse aquí y ahora".

En esta tregua, Concepción, megáfono en mano, amaga con apretar el "gatillo" y pedir el asalto a la autopista. Otro vecino le pide calma. "Piensa lo que vas a decir". "Si van a comenzar las obras esta noche y nos van a dejar incomunicados, el pollo que vamos a montar mañana puede ser peor", analizan entre ellos.

Comienza la cuenta atrás hasta la llegada del director general. Se busca un coche oficial. Después de las 14:00 horas, ya vale hasta un vehículo oscuro o cualquier individuo enchaquetado. El único que se aproxima no lleva corbata y va acompañado por otro que lleva la camiseta de "supermán". "No creo que sean esos", comentan.

Acha busca tranquilidad y va al bar Canaima, a tomarse un café. En ese momento llega el esperado director general, junto con el responsable de la obra de la Autopista del Norte, Adolfo Hoyos. Tras un intercambio de palabras, primero con Acha y luego con los dirigentes vecinales, Juan Carlos Concepción empuña el megáfono, apunta al aire y dispara: "El señor de la barba (Adolfo Hoyos) se reunirá esta tarde conmigo para establecer un servicio gratuito de guaguas. Las obras comenzarán mañana o pasado y durarán un mes. Esta tarde nos reunimos en la asociación para establecer el recorrido de la guagua. Que no falte nadie. Muchas gracias".