Santa Cruz de Tenerife

GALLEGA ALTA, el último de la fila

La nueva urbanización, zona de expansión de la capital ubicada entre el núcleo tradicional del mismo nombre y El Sobradillo, cuenta con unos 2.000 habitantes, aunque las expectativas apuntan a llegar a 15.000 en unos años. En opinión de sus vecinos, carece de un mínimo de servicios e infraestructuras.
JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.
14/dic/03 0:04 AM
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JOSÉ D. MÉNDEZ, S/C de Tfe.

La Gallega Alta se sitúa en el Suroeste, en el antiguo Polígono de El Rosario. Es una urbanización habitada desde hace unos tres años cuyos vecinos reclaman unos servicios ofertados a la hora de comprar, y no barato precisamente, y que no ven por ningún lado. Juan Ramón Hernández González es el presidente de una asociación de vecinos que nació con el 2003 y que por no tener no tiene ni local, al igual que no los hay para equipamiento social o cultural.

Según Hernández, "el ayuntamiento dice que Gestur no le ha entregado la urbanización y hay dotaciones hechas por la empresa, como los parques y jardines, que se han deteriorado".

Gallega Alta "se ha convertido en vertedero. Hay dos o tres incontrolados, con una impresionante cantidad de basura en solares que no se vallan, sobre las aceras o la carretera. Ya son focos de infección, ratas incluidas. Además, siempre hay escombros o enseres domésticos de todo tipo".

Los niños acuden a colegios de El Sobradillo o Barranco Grande, donde está el centro de salud, aunque hay un proyecto de construir uno allí, al igual que un gran área descentralizada del ayuntamiento".

Para 2.000 habitantes existe un solo polideportivo, o mejor una cancha pintada de verde, ya muy deteriorada, con dos porterías.

Sólo pasa una línea de Titsa, la 232, y las paradas están lejos. También hay quejas sobre la nula señalización para poder llegar al barrio.

Al ser muy abierto, con descampados y solares, hay robos y muchos coches abandonados. Solicitan que la Policía Local se deje ver y regule la gran velocidad de los vehículos en unas avenidas tan amplias. Como hay zonas sin alumbrado público, la sensación de inseguridad aumenta.