Santa Cruz de Tenerife

Por la memoria de sus abuelos

Begoña Izquierdo es la cara visible del esfuerzo que hace Almáciga por culminar su nueva iglesia. Es la nieta de quienes encontraron, en el año 49, la botella que enviaron unos bilbaínos.
O.G.
28/ago/17 0:40 AM
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R econoce estar sorprendida por la repercusión mediática que ha tenido el anuncio de la Cofradía de Nuestra Señora de Begoña, de Bilbao, de recaudar fondos para la iglesia de su pueblo, Almáciga. Y agradece el esfuerzo que hacen todos para que el nuevo templo sea, por fin, una realidad. Pero, sobre todo, se muestra firme en un propósito: honrar la memoria de sus abuelos, artífices del "milagro" que, en abril 1949, unió para siempre a la Virgen de Begoña con el pequeño caserío de Anaga.

Begoña Izquierdo Sosa es la nieta de Eusebio Sosa y Benita Izquierdos, dos vecinos de Almáciga que, junto a su comadre Luisa Izquierdo, encontraron una mañana de abril de hace 68 años una inofensiva pequeña botella de agua Caravaña en la orilla de la playa. Estaba sellada con cera y lacre y portaba en su interior varios papeles.

Ese fue el inicio de una historia que aún hoy no tiene un final. Begoña Izquierdo Sosa trata ahora de escribirlo. De momento, cuenta con bastante ayuda.

Los tres vecinos citados continuaron rumbo a Benijo tras romper la botella. Dentro de ella hallaron cinco estampas de una virgen, la de Begoña, acompañadas de un texto. "Tenían el presentimiento de que había algo más", detalla Izquierdo Sosa. Estaban en lo cierto.

Como no sabían leer, optaron por llevar su mensaje a la maestra del pueblo, que por aquel entonces era doña Clotilde. Ella les desveló el contenido. "Y se emocionaron", cuenta la nieta.

El texto relataba que la botella de cristal había sido lanzada al mar, en agosto del año anterior, por 35 peregrinos de la Acción Católica de Bilbao que viajaban a bordo del vapor "Aragón". Iban rumbo a Santiago de Compostela. Culminaba con un profético: "Nos encontramos en el cielo". Para bien de todos, no se cumplió.

Lo que vino después fue ya menos milagroso que lo anterior, aunque igual de llamativo. Aprovechando sus conocimientos, doña Clotilde escribió una carta que fue enviada a Martín del Valle, la persona que facilitaba su dirección en uno de los documentos que llegaron en la botella.

En ella, los vecinos de Almáciga le solicitaban un cuadro de la Virgen o una pequeña imagen para venerar en la pequeña ermita del pueblo, cuyo patrón es San Juan Bautista.

"Cuando Martín del Valle recibió la carta en Bilbao no se lo creía", asegura Begoña Izquierdo, que ha estado en la capital vizcaína en varias ocasiones. A partir de ese momento la correspondencia entre ambos pueblos se hizo habitual. "Doña Clotilde ya no solo le leía las cartas a mis abuelos, sino que lo hacía a todo el pueblo".

Tal fue la devoción que despertó en el lugar la Virgen de Begoña, que la gente comenzó a pedir que fuera la patrona del caserío. "Se destapó un fervor que no se conocía", explica Begoña.

Entre los cambios motivados por la nueva imagen, el nombre del equipo de fútbol, que pasó a llamarse Unión Deportiva La Begoña. "Supuso un antes y un después en Almáciga", asegura.

Pero la historia continuó. Y el impulso vino desde Bilbao. Un artículo del jesuita Andrés de Arístegui, publicado en La Gaceta del Norte, se convirtió en el paso definitivo para que una talla de la Virgen de Begoña, igual que la bilbaína, fuera enviada a Tenerife.

Llegó al puerto de la capital el 6 de mayo de 1950 a bordo del "Monte de Urquiola", y fue recibida por una gran multitud y por las autoridades de la Isla.

En medio de todo, la pretensión del cura Isidoro de que la virgen acabara en la parroquia de Taganana por ser el de Almáciga un templo humilde. La idea fue rechazada por todos.

Ocho días después, y en la falúa de Ismael, perfecto conocedor de las corrientes del litoral de Anaga, la Virgen de Begoña era descargada en la playa del Roque de Las Bodegas. "El cariño que se le cogió fue tal que, por las noches, se hacía guardia para que nadie se llevara a la Virgen", recuerda Begoña.

Con la imagen ya en su casa de Almáciga, la historia siguió su curso hasta el año 2000, cuando se decidió tirar la antigua iglesia y construir una nueva a la entrada del pueblo. Una tarea que, quince años después, no ha culminado por falta de fondos. "Pero ahora está implicado todo el pueblo, creyentes y no creyentes", asegura Begoña. "Lo hago por mis abuelos", añade. A ellos se ha sumado la cofradía bilbaína que esta misma semana envió los primeros seil mil euros para la nueva iglesia, recaudados los días 14 y 15 de agosto. Entre todos quieren escribir el último capítulo de esta historia.