Sucesos
LO ÚLTIMO:
foto del aviso
La Junta Electoral prohíbe el 'Día del Vecino' y el 'Día de la Juventud' en Santa Cruz de Tenerife leer
BUENOS DÍAS FLORILÁN

Hablar claro


11/feb/02 9:33 AM
Edición impresa

RECIENTEMENTE COMETÍ una vulgaridad. Mejor dicho, fui víctima de la misma, porque en el hecho no había posibilidad volente o determinante por mi parte. La vulgaridad fue coger un catarro o gripe de no te menees. Si Camilo José Cela dijo - seguramente cuando no pensaba todavía en dejar este mundo - que el morirse es una vulgaridad, más vulgaridad u horterada es, como ustedes comprenderán, estar sonándose y con una cara de tonto un par de semanas. Como es natural, hice otra vulgaridad, fui al médico, a mi médico. Me dijo que no me preocupara, que había media España así, y me recetó unos medicamentos que, efectivamente, surtieron su efecto. El catarro se me quitó, como está mandado, una vez transcurridas las dos semanas. Vamos, exactamente igual que si no hubiera tomado nada, porque eso tiene su tiempo y lo cumple rigurosamente. No es como lo de las intervenciones quirúrgicas en el Insalud, que hay que esperar meses, cuando no años.

Pero esto no fue lo peor, sino que me quedé que no tenía ganas de nada; ni de comer, ni de escribir, ni de ver entrenar al Tenerife. No daba por mí un duro, por no decir un euro. Desconcertado por esta circunstancia, volví al médico y, después de escucharme, me dijo: "tú, lo que tienes, es astenia". Encajé la palabra muy mal y le pregunté si esa "astenia" tenía que ver algo con "Santa Lastenia". Se sonrió y me mandó un reconstituyente. Al llegar a mi casa, consulté el diccionario y vi que la palabra significa "debilidad o decaimiento físico". Ya me lo pudo decir él. ¿Por qué los médicos serán tan sibilinos?

Para hablar claro, que llamen a los jóvenes de hoy. Más gráficos y realistas no pueden ser. Estaba oyendo o viendo yo en la tele una entrevista con jóvenes, y me parece que el tema era la relación amorosa o sexual entre los mismos. "¿A ti te gusta besar a tu pareja?", le preguntó a un chico la presentadora. "Depende, contestó él; a mí me gusta un beso normal, un beso de saludo o de despedida, no esos que veo algunas veces que parece que ella está buscando en la boca de él algo que se le ha perdido y no lo encuentra". La presentadora, que ya no sabe por dónde se anda, insiste:

- Entonces, dime: ¿cuáles son los besos que no te gustan?

- Yo me refiero, explica el chico, a esos que son un "intercambio de babas". ¿Se puede hablar más gráficamente? Que tomen nota los señores galenos.

BUENOS DÍAS FLORILÁN