Sucesos
LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

La Sanidad que seguimos teniendo


11/feb/02 9:33 AM
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EL "AFFAIRE" ese de los cirujanos plásticos "estampillados", que se decía a los oficiales provisionales durante la guerra civil, parece más bien una cortina de humo para que no se vea el escandaloso fracaso del "plan de choque" contra las listas de espera, que se ha sacado del meollo, pero no de la manga, porque todavía no se ha visto, el consejero de Sanidad de este Gobierno Autónomo, Don Rafael Díaz.

Está mal que las clínicas se abran sin las debidas autorizaciones y que, si así está mandado, los médicos que se dedican a la cirugía estética tienen que poseer el título correspondiente de la especialidad. Conforme con que estas prácticas se controlen y se sancionen en su caso. Pero, cuando la Sanidad pública de esta región se enfrenta con tremendos problemas de ilegalidades y chapucerías, se apuntan las baterías contra esa media docena de médicos que, sin tener titulación, le arreglan la cara o las caderas o la barriga a los o las que quieren tener más guapura. Antes no había especialidades en casi nada y los que se hacían especialistas seguían, poco menos, el sistema de los aprendices en los talleres, que luego llegaban a mecánicos. Estos médicos poseen, se entiende, una base profesional y cuando se meten a manejar el bisturí para arreglar narices, tienen conciencia de hasta dónde pueden meter la pata y convertir en míster Hide a quien quiso parecerse a Robert Redford. No hay, pues, que crucificarlos, aunque sí que sancionarlos. Pero, en este asunto, salvo una señora a la que se le extrajo grasa y que murió y otra que le dejaron una pequeña papa en la nariz, no se sabe de más anormalidades.

Las notas de la Sociedad Canaria de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética contra los "clandestinos" y los "intrusos" son como las de Fedeco contra las grandes superficies o las de los taxistas de Granadilla contra los de otros pueblos que recogen pasajeros en el aeropuerto. Y la Consejería de Sanidad no da nombres ni de clínicas ilegales ni de cirujanos sin título para que la gente sepa con quién se gasta los cuartos. O sea que la gente sigue cayendo en manos de los que practican el "intrusismo".

Insisto en lo de la cortina de humo porque, mientras se airea a todos los vientos informativos el caso de los "cirujanos estéticos", ocurre en esta Sanidad pública casos realmente graves, como muertes por operaciones en centros que carecen de los medios adecuados de rehabilitación. Y otros más leves, pero que jeringan bastante, como el de un pariente mío, de 17 años, que se lesionó un tobillo jugando al fútbol. Fue al Centro de Salud de Tomé Cano y allí, sin hacerle la radiografía, le enyesaron la pierna y lo tuvieron tres semanas con el yeso puesto. El muchacho da la casualidad de que tiene un tío médico y este galeno, al que le extrañó la cosa, lo reconoció, le hizo radiografías y le mandó a quitar yeso, muletas y todo y a que anduviera como cualquiera, porque no tenía fractura alguna en ningún sitio.

Un servidor podía darle al señor Díaz, en los momentos en que no esté ocupado con sus "planes de choque", nombres, apellidos, fechas y lo que quiera. Pero lo dejo para que investigue y que, en lugar de tomar un cortado, envíe a sus inspectores a ver cómo están esos centros de Dios, porque el traumatólogo de Tomé Cano no era "intruso", sino verdadero.

LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA