Sucesos
S. DOMINGO

Los padres y los políticos, al quirófano


11/feb/02 9:33 AM
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Y NADA DE ESPERAS, entrarlos por urgencias. Y a todos, sin excepción. Y habrá quien, resignado, diga: otra vez somos los padres, los políticos, los malos de la película.

La situación por la que estamos pasando es compleja, y, por tanto, las soluciones son difíciles, delicadas y diversas. Creo que una gran mayoría de madres y padres pretendemos ser buenos progenitores, amantes de nuestros hijos, a los que queremos educar adecuadamente, y para lo cual no regateamos los esfuerzos necesarios.

No quiero dudar que la familia también preocupa, seriamente, a muchos de nuestros políticos, ya que su delicada situación la sufren también en sus propias carnes.

La pregunta es: si a todos nos preocupa, ¿cuál es el problema? Y en las respuestas está la clave del problema, que hemos de intentar resolver entre todos.

Es tiempo de que nuestros políticos se preocupen menos por conservar el "mando" del partido, y dediquen su primer hacer elaborando leyes y medidas encaminadas a proteger a las familias. Es curioso ver cómo, por ejemplo, en Santa Cruz, se está desarrollando ahora una fuerte campaña para que los dueños de los perros recojan sus cacas. Sin embargo, han tenido que pasar varios años en los que miles de adolescentes han caído en coma etílico en Carnavales, para que ahora se tome la medida de, una vez "recuperados", retenerlos hasta entregarlos a sus padres o tutores, medida que me parece muy de sentido común, pero que podía haberse tomado años atrás.

También ahora están preocupando los millares de jóvenes que, generalmente los fines de semana, se "jartan" de litronas, y de otras sustancias, ocasionando los consiguientes trastornos no sólo en el descanso de los vecinos, sino también en violencias, alcoholismo, drogas, embarazos y un largo etc. que, si no intentan resolver, puede restarles votos en las siguientes elecciones. Triste, pero cierto.

Pero los padres y madres no podemos "justificarnos" descargando la totalidad de las culpas sobre los políticos, tranquilizando así nuestras conciencias. Parte del problema está en que hemos caído en una gran permisividad, haciendo dejación de nuestras responsabilidades como padres y educadores de nuestros hijos. Presionados porque "todos lo hacen", quizá para que no nos llamen carcas, o para que no nos den la jaqueca. Y en lugar de educar, dedicamos nuestro tiempo a ganar dineros para tener y consumir cosas, sin darnos cuenta de que estamos abandonando algo tan importante como es la familia. Como dice un amigo mío, "hay muchos huérfanos de padres vivos".

Qué duda cabe que, en muchos casos, no sabemos qué hacer. Y la solución es relativamente sencilla: tenemos que aprender a ser padres, primeros educadores de nuestros hijos. Hoy vemos natural tener que ponernos al día en una serie de materias, desde sacar el carné de conducir, hasta aprender una receta de cocina. Sin embargo, nos casamos, tenemos hijos y, como mucho, nos preocupamos de la parte sanitaria del niño, pero poco en cómo educarle adecuadamente.

También, la alegría con que traemos hijos al mundo, necesitados de un hogar en paz y amor, y, a las primeras de cambio, por aquello de "tengo derecho a ser feliz", rompemos un matrimonio sin tener en cuenta el mal que causamos a nuestros hijos, con las trágicas consecuencias que para ellos suele tener.

Una vez más, me repito en que es necesario recuperar valores. Fenómeno el que nos preocupe el recuperar y conservar las tradiciones, llámese el juego del palo, la lucha canaria, los bailes regionales, la gastronomía, el medio ambiente...

Pero también nuestros antepasados tenían en gran estima el sentido de la responsabilidad, el trabajo, la honradez, la fidelidad, el perdón, el sacrificarse, sus creencias religiosas, la solidaridad, la familia, el amor, la castidad.

Es tiempo de que políticos y padres pasemos por el quirófano y ponernos a punto, que nos cambien el chip. Y que en lugar de dar a nuestros hijos cosas, consumo, preservativos, litronas y desamor, les demos el gran regalo de unos padres que se aman y un hogar donde lo que priva no son las cosas, sino las personas.

Creo que sólo así, recuperando valores, volveremos a recuperar la familia, y, consecuentemente, construir, entre todos, una sociedad sana y feliz.

S. DOMINGO