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El jurado declara culpable de homicidio al autor del crimen de Fasnia

No se mostró favorable al indulto ni a la remisión de la pena para el autor de la muerte de un amigo en Pinogordo en 1997, aunque sí tuvo en cuenta que confesara el hecho dos años después. La fiscal y las acusaciones piden 11 años de prisión e indemnización de 180.303 euros.

EL DÍA, S/C de Tenerife
6/jul/02 9:41 AM
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Ayer por la tarde se dio lectura al veredicto de culpable de homicidio doloso con la atenuante de confesión en el juicio con tribunal de jurado popular por el caso del crimen del que es autor un hombre que confesó haber disparado contra un amigo suyo en Pinogordo, Fasnia, en 1997, tras lo cual lo enterró, dejó abandonado su coche en Las Eras e hizo desaparecer sus ropas y las de la víctima, confesando el crimen dos años después porque no podía dormir.

El ministerio fiscal y las acusaciones particulares solicitaron que se impusiera una pena de 11 años de prisión y una indemnización de 180.303 euros para los familiares del fallecido.

Por su parte, la defensa consideró que se estimara la atenuante de confesión y se le condenara a siete años de prisión y al pago de una indemnización de 90.151 euros para la viuda y la hija de la víctima.

El jurado estimó que no se podía establecer la alevosía y que de los testimonios de los médicos forenses se podía determinar que el disparo que recibió la víctima fue realizado entre un metro y metro y medio, por lo que quedaba descartado el forcejeo mantenido, en sus declaraciones, por el acusado. Asimismo, el jurado hizo constar que la víctima se encontraba indefensa.

Por otra parte, no se estimó que se pudiera mantener la atenuante de trastorno mental por alcoholismo que alegaba la defensa y que era curiosa la memoria que tenía el procesado en cuanto relataba todo lo que ocurrió el día de autos.

Otra de las preguntas que se formuló al jurado fue si consideraba que el inculpado estuviera bajo los efectos de una intoxicación alcohólica, a lo que contestaron desfavorablemente.

La confesión voluntaria, por parte del autor de los hechos, ha posibilitado que se vea como atenuante.

Un tiro certero

Los miembros del tribunal con jurado popular estimaron los informes de los forenses que intervinieron en la prueba practicada cuando comentaron en la sala que el disparo con una escopeta de caza, con cartuchos de perdigones de calibre 12, realizado por el acusado a la víctima se hizo a menos de metro y medio, no pudiendo determinar si éste se encontraba de pie, sentado o acostado.

"Es imposible que la escopeta la tuviera el acusado a la altura de la cintura. Cada perdigón, por separado, actúa como una bala única. El cráneo no presentaba orificio de salida, luego el cartucho de perdigones quedó dentro de la cavidad. Tuvimos que reconstruir todo el cráneo porque estaba muy fragmentado", dijo un forense. Una vez concluida la sesión, el acusado cuando iba a abandonar la sala miró al público, donde estaban la viuda y familiares del fallecido.