Sucesos
FRANCISCO TRAY BOUSOÑO

Jurar la bandera


23/jul/02 9:42 AM
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EN EL MAGNÍFICO y cuasi conventual marco de "El Pardo", donde el silencio como preciso aliño impera, primus inter pares, en la Plaza de Armas "Reina Sofía" del cuartel "El Rey", el pasado día 12 a las 20:30 horas, acertado señalamiento conocido el verano madrileño, por cierto, tuvo lugar el Juramento a la Bandera de los componentes del tercer y cuarto ciclo de formación de acceso a la condición de Tropa y Marinería Profesional del año 2002 de la Guardia Real. Bajo la presidencia del Excmo. Sr. secretario general de la Casa de S.M. el Rey, el almirante jefe del Cuarto Militar de la Casa de S.M. el Rey y en su nombre el coronel jefe de la Guardia Real y que, por razones obvias, tristemente, no debo ni puedo mencionar sus nombres, nos invitaba para asistir a un entrañable e irrepetible acto. Juraban, entre los noventa jóvenes, nuestro hijo Borja adscrito al Cuerpo de Aviación de la Guardia Real. Asimismo, juraba un pequeño grupo (eran veteranos de la Guardia Real) y cerrando el acto de Jura, procedimos a hacerlo nosotros (padres, madres, abuelos, etc.). Aunque hijo del estamento militar, no hice la "mili" ni asistí a Jura de Bandera alguna. Por ende, ignoraba qué sentimientos podían alentar a todos y cada uno de los jurandos en el momento de formular su juramento o promesa. Allí, en Madrid, y sin menoscabar el orgullo de la patria chica o terruño (hoy, denominada en nuestra española Constitución, nacionalidad o Comunidad Autónoma) sentí y percibí, honda y profundamente, la común españolidad de todos los presentes. Porque habíamos acudido de todos los rincones de España (no pienso ni quiero sustituirla por el inocuo vocablo de Estado) para tal inigualable menester cívico-castrense. Allí, al amparo de una sola bandera, sin distingos, sin partidismos y sin exclusiones, tuvimos la enorme fortuna de jurar todos los que habíamos solicitado tal honra. Porque, aunque no soy nada sensiblero, diré que la ocasión y el acto me pusieron los pelos como escarpias. Entendí que tal acción constituye un timbre de honor para todo español (hablo en sentido genérico) que se precie de serlo. Sabido es que el estamento castrense en cuestiones de protocolo y actos de este tipo está duchísimo. Una sencilla naturalidad, una tradición incuestionable, un impecable buenhacer, una acrisolada delicadeza y un profundo sentido del deber que les viene encomendado por nuestra Carta Magna, son virtudes más que suficientes para avalar cualesquier encomienda que se requiera de la Milicia Española. Vaya, pues, mi más profundo agradecimiento por ayudarme a compartir mi afortunada condición de español, como me lo hicieron sentir las veintiuna salvas, disparadas en honor y pundonor de la Bandera Española.

FRANCISCO TRAY BOUSOÑO