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El carcelero de la farmacéutica, el único de los imputados que confesó los hechos

"Iñaki" se presentó como otra "víctima" por las amenazas de Ullastre, cabecilla del grupo, y dijo que se le debe dar "las gracias" por liberar a Feliu, aunque fuese 492 días después.

EFE, Gerona
30/nov/02 9:53 AM
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EFE, Gerona

Sebastiá Comas "Iñaki", el "carcelero" de María Angels Feliu durante su cautiverio, es el único de los ocho acusados por este caso que lo ha confesado todo en el juicio que se celebra en la Audiencia de Gerona, pero también se ha presentado como otra "víctima" del secuestro.

Durante cinco horas, Comas ha detallado el secuestro y ha implicado al presunto cabecilla del grupo, Ramón Ullastre, al que ha atribuido toda la culpa de los hechos y ha asegurado que al liberar a la farmacéutica "le di la vida".

"Iñaki" explicó que Ullastre le llamó el día 20 de noviembre de 1992 para que acudiera a su casa y que cuando llegó le enseñó un bulto en el maletero de su coche del que se oían unos gemidos de mujer y pensó que la había atropellado.

Cuando le pidió que le ayudase a trasladar a María Angels Feliu al zulo, él se dio cuenta de que "me había traicionado, me había metido en un secuestro que no busqué, me había dado la puñalada por la espalda".

Comas aseguró que no conocía la casa de Ullastre ni el sótano, ni el zulo, que lo ha descrito como un habitáculo pequeño, inseguro y húmedo y que corría el riesgo de hundimiento.

Según su declaración, Ullastre le aseguró que el secuestro sería "cosa de 3 o 4 días" y que recibiría a cambio entre 6 y 10 millones aunque que "no necesitaba ese dinero negro".

También ha relatado cómo Ullastre simuló ser varios personajes, como el "cortadedos"", el "quillo", el "oscar" o el "josé" para hacer ver a Feliu que estaba en manos de varias personas e incluso le dijo que eran de ETA la misma noche en que se realizó el secuestro.

Según su relato, la noche del secuestro se bloqueo "mentalmente" y decidió seguir adelante al pensar que aquello duraría como mucho una semana.

"Iñaki" estuvo "encerrado" en el sótano custodiando a Feliu unos 12 días, luego Ullastre le dejaba salir unas 4 horas al día hasta la Semana Santa de 1993 y después iba a la "cita" con la farmacéutica cada uno o dos días para llevarle comida comprada por él, velas, libros, aspirinas, lápices y otros materiales.