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El acusado del crimen de La Concepción, culpable de homicidio

El jurado popular estimó ayer la eximente incompleta de legítima defensa. El fiscal pidió 7 años de prisión, mientras que la acusación particular se decantó por 8 años y la defensa por cinco.

EL DÍA, S/C de Tenerife
22/feb/03 10:01 AM
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Francisco Javier V.G. fue declarado ayer culpable de un delito de homicidio por un jurado popular que, al tiempo, estimó la eximente de legítima defensa, en el caso del crimen de La Concepción, ocurrido el 17 de diciembre de 2001, en la zona de Bravo Murillo.

Tras la lectura del veredicto, el fiscal, que calificó el hecho delictivo de homicidio, rebajó a 7 años, mientras que la acusación particular pidió 8. La defensa, por su parte, que estimaba que los hechos eran propios de un delito de homicidio imprudente con las eximentes de legítima defensa, arrebato y miedo insuperable se conforma con cinco años de cárcel.

Según se desprendió del juicio, el acusado se dirigió a la citada calle capitalina el día de autos para buscar a su novia.

La acusación, además, apuntó que las relaciones personales entre Francisco Javier V.G. y Juana Rosa no eran buenas y esa noche se acercó a defender a su hermana, colocándose detrás de Francisco Javier, momento en el que ella lo pinchó dos veces con una navaja tipo militar, de unos 8 centímetros de hoja, en la zona lumbar, causándole dos heridas inciso punzantes no penetrantes, que no afectaron a ningún órgano vital.

El acusado "se revolvió contra la mujer y cuando la tuvo de frente, concretamente a metro y medio, sacó un cuchillo de cocina de 11,5 centímetros de hoja y le asestó una puñalada dirigida al corazón que le atravesó el pulmón izquierdo y perforó el pericarpio, lesionando el corazón, en el que penetró por el ventrículo izquierdo provocándole un taponamiento cardíaco que le produjo la muerte".

El inculpado, una vez cometió la acción descrita, abandonó el lugar y cogió junto a su novia un taxi en dirección a Cuesta de Piedra para comprar un boliche de crack con la intención de tranquilizarse, en lugar de acudir a un centro hospitalario para curarse las heridas.

Las acusaciones definieron al procesado como un hombre que no trabajaba y que vivía de su novia.