Sucesos

Rayos y centellas

Con el comienzo de la época estival el calor se hace más sofocante y el índice de radiación ultravioleta sufre un importante aumento, sobre todo en la zona de Canarias, donde este año se van a conseguir las cifras más altas.
A. REVERÓN, S/C de Tenerife
19/jun/03 10:11 AM
Edición impresa

Con la llegada del verano y del calor, las temperaturas suben y los efectos nocivos del sol aumentan por los UVI o más conocidos como índices de radiación ultravioleta, que el pasado año alcanzaron en las costas canarias niveles muy altos.

Según los responsables del Observatorio Atmosférico de Izaña, lugar donde se realizan las mediciones de estos niveles, durante el verano alcanzaremos cifras muy elevadas de radiación que oscilarán entre 10 y 11, tanto en la provincia de Santa Cruz de Tenerife como en Las Palmas de Gran Canaria.

Un hecho que se produce debido a la bajada de ozono en la atmósfera y que puede ascender en zonas de montaña como Las Cañadas del Teide, donde se puede llegar niveles de radiación ultravioleta de 12 ó 13, muy similares a los alcanzados el pasado verano.

Para los investigadores, el Archipiélago canario es la zona de España más afectada debido a la situación geográfica en la que se encuentra, por lo que recomiendan "tener mucho cuidado con el sol, aunque no es cierto que en las últimas épocas haya empeorado como mucha gente dice. El sol está más fuerte en comparación con otros años, pero en realidad no hay mucha diferencia".

Prevención y precaución

Para evitar posibles consecuencias negativas al tomar el sol, los expertos recomiendan sobre todo no exponerse durante las horas puntas del mediodía, y utilizar un factor de protección según el tipo de piel, ya que además de la altitud del mar sobre la que se encuentre la persona y la nubosidad, también influye la sensibilidad del individuo y la capacidad con la que cuente para broncearse.

Por ello, el tiempo máximo de exposición al sol es el que se puede estar expuesto al mismo sin protección y sin quemarnos, que depende del tipo de piel que tenga cada persona.

Aunque la mejor "arma" contra el sol es la ropa, es fundamental un protector solar que contenga filtros UV-A y UV-B, y para las primeras exposiciones un protector con SPF (factor de protección solar) de 15 y de 20 para niños.

En cuanto a los bronceadores, no sólo depende de su calidad sino de su correcta aplicación, ya que se debe poner unos 45 minutos antes de tomar el sol y reaplicarlo después de cada baño, y sólo de esta forma, se conseguirá una protección contra quemaduras, envejecimiento y cáncer.

Los efectos nocivos

La piel y los ojos son los órganos más sensibles a la exposición de los rayos ultravioleta, y si no se toman las precauciones correctas, puede dar lugar a efectos crónicos en la salud de estas partes así como en el sistema inmunológico. Los efectos agudos incluyen desde quemaduras hasta fotoqueratitis, mientras que los efectos crónicos van desde el envejecimiento prematuro de la piel (eliodermatosis) y cáncer de piel, y en el caso de los ojos, cataratas. La radiación UV-A tiene un efecto pronunciado en la capa subcutánea y puede alterar la estructura de las fibras de colágeno y elastina, acelerando el envejecimiento de la piel; y la radiación UV-B produce principalmente eritema y varios tipos de cáncer de piel. En este punto algunos destacan que hay que diferenciar entre la piel y los ojos, ya que así como la primera tiene la capacidad de adaptarse a la radiación UV produciendo melanina (bronceándose), los segundos no tienen esa capacidad, supliéndola con gafas de sol que filtren la radiación UV-A y UV-B.