Sucesos

Tras la huella del crimen

La Brigada Provincial de Policía Científica de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía de Santa Cruz de Tenerife está formada por un inspector jefe, cuatro oficiales y doce agentes de la escala básica, que centran su actividad en la identificación de personas y en la realización de inspecciones oculares.
NURIA DÍAZ, S/C de Tenerife
5/oct/03 10:20 AM
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NURIA DÍAZ, S/C de Tenerife

Su función es analizar, estudiar y tratar las pruebas que previamente han obtenido en los lugares en los que se producen los delitos, sea un robo, un homicidio o una agresión, para así determinar quién o quiénes fueron los autores.

Los diecisiete funcionarios que forman parte de la Brigada Provincial de Policía Científica de la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía dedican su jornada laboral a obtener pruebas que permitan identificar a los delincuentes, así como a investigar las causas que han dado lugar a algún siniestro o accidente. Pero también comprueban la validez de los documentos o billetes que parecen falsos y realizan análisis de balística.

Cuando son requeridos por algún asunto en concreto, lo primero que hacen es una inspección ocular de la zona o el área donde ha tenido lugar algún hecho delictivo.

Siempre con la premisa de "no tocar nada", inspeccionan cuidadosamente el lugar y plasman en fotografías todo lo que pueda ser relevante. Entonces establecen el itinerario que puede haber seguido el criminal y determinan los lugares de entrada, de salida y de actuación, para buscar en ellos sus huellas u otras pistas como colillas o pelos, que guardan en bolsas de plástico numeradas para analizarlas posteriormente.

Una vez en la comisaría, los funcionarios policiales revelan las huellas dactilares que encontraron y las cotejan con las reseñas que tienen en la base de datos.

Si la persona en cuestión ha estado detenida es fácil identificarla, pero, si no tiene antecedentes, para localizarlo hay que utilizar los datos del DNI, aunque sólo pueden utilizar la identificación civil cuando poseen una autorización judicial.

Una vez concluido el análisis de todas las muestras que haya podido dejar el autor del delito, se elabora un informe que es remitido a los juzgados y a los grupos de investigación policial, que se encargaran de la localización y detención del supuesto autor del hecho delictivo.

Formación específica

Los funcionarios policiales que acceden a esta brigada deben obtener una formación específica en función de la categoría que posean. Antes de formar parte de ella deben realizar un curso de preparación en el que se les enseña a reseñar, a hacer inspecciones oculares y a revelar huellas.

También deben aprender a archivar siguiendo criterios fonéticos y no alfabéticos, pues Canarias es la única Comunidad que mantiene este sistema de archivo. A estos agentes se les forma en la formulación de reseñas, pues para cotejar las huellas dactilares encontradas en el lugar donde se ha producido el delito con las que tiene archivadas la Policía, éstas se asocian a unas fórmulas específicas. Ésta es la llamada formulación logoscópica, que se basa en la identificación de los puntos característicos de cada huella.

El jefe de Brigada de la Policía Científica, Antonio Hernández, que está al frente de la misma desde 1975, afirma que en esta comisaría lo que más trabajo les da son las identificaciones y las inspecciones oculares.

Asegura que no hay casos fáciles o difíciles y que los asuntos más graves, como un homicidio, suelen ser los que se resuelven antes, mientras que localizar al autor de un pequeño hurto puede llegar a ser muy complicado.

"El accidente de Los Rodeos me marcó"

El jefe de la Brigada Provincial de la Policía Científica, Antonio Hernández, participó en la identificación de los cadáveres del accidente de los dos jumbos que chocaron en el aeropuerto de Los Rodeos en 1977. "Este accidente me marcó, fue terrible", asegura cuando rememora este siniestro, en el que los funcionarios policiales de Santa Cruz de Tenerife tuvieron que, con los pocos medios que tenían, identificar unos 560 cadáveres calcinados. El inspector jefe describe la noche en la que se produjo el accidente como una velada "de perros", recuerda que en Los Rodeos llovía y hacía mucho frío y que en esas condiciones trataron de sacar de los aviones en llamas a las víctimas "lo más rápido posible". "Cuando vives una cosa de ésas el resto no tiene importancia", subrayó Hernández.