Sucesos

Un día tranquilo

La Policía Local de La Laguna garantiza la seguridad por la mañana en las calles y plazas de los barrios y por las noches en la zona de ocio del "Cuadrilátero"
NURIA DÍAZ, S/C de Tenerife
2/nov/03 10:22 AM
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"¡Qué bien, hoy ha sido un día tranquilo!", exclaman en la Policía Local de La Laguna. Sin embargo, en lo que ellos llaman "un día tranquilo", los policías tienen que duplicarse para poder estar en todos los rincones del municipio.

En Aguere les gustaría contar con una plantilla policial adecuada a su población, pero mientras se logra este objetivo suplen la falta de personal con la buena voluntad y la profesionalidad de estas personas que velan por mantener la seguridad y a los que, a pesar de trabajar más de doce horas diarias, no se les nota el cansancio.

Durante el día, los agentes municipales luchan contra el absentismo escolar y el "trapicheo" que se produce en los alrededores de los colegios e institutos, para lo que realizan acciones de vigilancia y prevención por todos los barrios laguneros y sobre todo por aquellas zonas que ya saben que son las más conflictivas.

Sin embargo, las noches de los fines de semana tienen que poner en marcha un dispositivo especial, que les obliga a doblar su jornada laboral. El objetivo que se pretende con este aumento de las actuaciones policiales es garantizar que todo el mundo lo pase bien en la zona de ocio conocida como el "Cuadrilátero".

Lo hacen voluntariamente, porque saben que es necesario y porque les gusta su trabajo. Sin embargo, mucha gente no entiende su función y cuando patrullan por "la zona de marcha" para asegurar la seguridad de los que se divierten, éstos les insultan e, incluso, les han llegado a tirar botellas de vidrio.

Noche de "pura tensión"

Para los doce policías que forman parte de este turno especial que comienza a las nueve de la noche, las horas que transcurren hasta que cierran los bares y se despeja el área se convierten en momentos de "pura tensión", debido a la gran cantidad de gente que se concentra en el lugar y a que muchos de ellos han bebido más de la cuenta.

Cuando salen a la calle, sobre las once de la noche, lo primero que hacen es controlar el tráfico y los botellones que se comienzan a formar alrededor de coches aparcados y en las aceras. En pequeños grupos, patrullan por la zona y retiran las botellas de alcohol a las personas que beben en la calle, aunque alguno de ellos luego grite desafiante que "ahora me compro otra".

Además, saben quienes pretenden vender o consumir droga en la vía pública y cuando lo detectan lo cachean y, si la sospecha es positiva, le levantan un acta administrativa. Todo esto a la vez que atienden las demandas de los vecinos que sufren las consecuencias de vivir en una zona que se convierte por las noches en un gigantesco local al aire libre.