Tenerife Sur
DOMINGO CHICO

Don Vicente Jorge Dorta: 50 años como sacerdote


21/mar/03 19:31 PM
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FUE EL 21 de marzo de 1953 cuando el obispo de Tenerife don Domingo Pérez Cáceres ordenó como sacerdote a don Vicente Jorge Dorta, fecha feliz en la cual la Iglesia contó con un servidor más a la mayor gloria de Dios en la dulce y bendita tarea de predicar el Evangelio, haciéndole camino a muchas almas que aguardaban una voz salvadora que les sirviera de orientación con auténticas miras de ganar el Cielo. Y esta voz tan esperada ha sido durante cincuenta años pregonera de la fe por la acción de un hombre que, tocado por el Señor, se dio a ello en un trabajo ininterrumpido bajo la aureola de un alto sueño.

Ya ordenado, don Vicente se inició en lo que fue su primer destino, sirviendo como vicario cooperador para regentar la iglesia de San Pedro Apóstol, de Güímar, en la época en que don Matías Batista Díaz la servía como párroco. Algo más tarde, y también como vicario cooperador, don Vicente ejerció esta función en dicha parroquia cuando ésta tuvo como párroco al muy recordado sacerdote don Miguel Hernández Jorge.

Nuestro nuevo ministro del Señor, don Vicente Jorge, duplicando un servicio que con evidente fervor hacía, fue a su vez capellán del colegio Nazaret y profesor del mismo durante un largo período, siempre derrochando juvenil energía y dando ejemplo, al tiempo que lo hacía, asimismo, en el colegio público Hernández Melque de esta localidad. Luego, misionero de la verdad y en constancia habitual, fue cura párroco de la iglesia de San Juan Degollado, de Arafo, sirviendo al mismo tiempo la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Güímar durante veintidós años consecutivos, actuando a la vez como profesor de Religión en el Instituto Mencey Acaymo, de Güímar.

Nuestro bien querido sacerdote, incansable, feliz y haciendo el bien, desempeñó su ministerio sacerdotal al frente de la iglesia de La Santa Cruz, de El Lomo de Mena, dándose la circunstancia de haber sido él su primer párroco, al tiempo que se encargaba también de la de San José, de El Escobonal, mostrando tesón y esmero, circunstancias que lo hicieron notable en la comarca debido al gran empeño que siempre supo poner en un trabajo que en medio de todo lo dignificaba.

Este buen sacerdote ha sido bien pagado con el sincero y leal cariño de sus feligreses allá por donde pasó, ejemplo vivo de fe y honorable comportamiento. Una solemne misa para conmemorar el cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal será celebrada el veintiuno de los corrientes, a las siete de la tarde, en su actual parroquia de San Juan Degollado, de la Villa de Arafo.

Un día, yo, maestro en el barrio güimarero de San Juan, le enseñé las primeras letras cuando él era sólo un niño. Otro día ya lejano, me enseñaría él a mí las verdades del Evangelio. ¡Lo que son las cosas!

En sus Bodas de Oro sacerdotales lo felicito con toda el alma.

DOMINGO CHICO