Tenerife Sur

Chío, a Jesús Luis Pérez


9/sep/03 19:42 PM
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EL PASADO 23 DE JUNIO, víspera de las Fiestas Patronales de Chío en honor a San Juan Bautista y Nuestra Señora de La Paz, este pueblo sureño dedicó un sencillo pero cariñoso y emocionando homenaje a don Jesús Luis Pérez, párroco que fue de esta parroquia, del año 1952 al 1957, tiempo suficiente para dejar una profunda e imperecedera huella. Años que para él, en su vida sacerdotal serían especiales, pues fue Chío su primera parroquia.

Hace 51 años que don Jesús fue ordenado sacerdote por don Domingo Pérez Cáceres, señor Obispo de la Diócesis Nivariense, concretamente el 4 de mayo de 1952... habiendo por lo tanto celebrado ya sus bodas de oro sacerdotales.

Han pasado los años y como se puede comprobar, el recorrido ha sido pleno y fructífero... Seguramente en este camino ha encontrado tristezas, alegrías, dificultades, retos teniendo siempre como protagonista al ""Ser Humano"" y como apoyo su ""Vocación Sacerdotal"".

No podemos olvidar que el sacerdote entre sus ""menesteres"", tiene el de saber escuchar, aconsejar y confortar cuando es necesario y alguien solicita su ayuda.

Serán muchos los acontecimientos agradables en la vida de un sacerdote, pero cuantas tristezas, problemas y tragedias, así como soledades y sufrimientos habrán intentado paliar de la mejor manera posible, poniendo en ello todo su empeño.

Hay también que destacar todo aquello a lo que renuncia un sacerdote, al ponerse al servicio de los demás... Renuncia, si no en el corazón, si por la distancia, a la familia, a los amigos, a los lugares, a las costumbres y a tantas otras cosas... para poder dedicarse de lleno a su misterio... y lo difícil que ha de ser sentirse observado y a veces juzgado, por parte de el grupo de personas que no coinciden en las decisiones tomadas, según las circunstancias.

Lamentablemente, dentro del mundo sacerdotal hay excepciones, a causa de conductas no correctas, siendo piedra de escándalo para los creyentes y motivo de ataque para los no creyentes... pero afortunadamente son casos contados. El verdadero sacerdote consagra su vida al ministerio del sacerdocio, dedicándose plenamente a los demás.

Don Jesús, como tantísimos otros, pertenece a ese enorme colectivo de sacerdotes que trabajan para ayuda de los demás con la mejor intención y la mayor voluntad.

Ha de ser gratificante para él, hacer un repaso de su vida sacerdotal e ir colocando en el platillo de una balanza toda la ayuda que ha prestado a sus semejantes durante estos 51 años de ministerio y ver cómo se inclina a su favor.

Don Jesús jamás a perdido su ""forma de ser""... quien lo conoce sabe que es un buen conservador, fácil a la sonrisa y a la risa, pero inspira tranquilidad y confianza, campechano, buen amigo de sus amigos y afable con toda persona que se le acerca... en fin, lo que entendemos por ""buena persona"" que ha ido dejando un grato recuerdo, en todos aquellos lugares donde ha estado. Prueba de ello es la cantidad de homenajes y reconocimientos que se le han hecho. Más que para encumbrarlo, para demostrarle el aprecio y cariño que se le tiene.

Cuando don Jesús llegó a Chío, a la que sería su primera parroquia, dio un cambio total a esa imagen que teníamos del ""cura de pueblo"", como alguien muy serio y distante, a quien la gente apenas se atrevía a hablar y menos aún, a mantener una conversación salpicada de risas y bromas... Don Jesús, las cosas serias se las tomaba al pié de la letra, pero luego se le podía ver, como un vecino más del pueblo, hablando con la gente en la plaza y en las calles, visitando a los amigos o jugando una partida de cartas en el café del pueblo con los parroquianos, incluyendo a aquellos que no le consideraban su párroco, pues no eran creyentes practicantes, pero sí lo consideraban un buen amigo y persona solidaria.. de alguna manera también estaba ejerciendo su ministerio.

Fue durante su permanencia en Chío cuando se construyeron ""la casa parroquial"", ""El Calvario"", lugares emblemáticos del pueblo. Siempre estuvo presto para ayudar en lo que era necesario, mostrando gran voluntad y deseos de colaborar en beneficio de los demás.

Aún hoy, a pesar de los años transcurridos, los mayores del pueblo lo recuerdan con mucho cariño y los jóvenes, por lo que han oído, lo asocian con la idea de ""buena persona"".

""Que San Juan Bautista y la Santísima Virgen de La Paz lo protejan siempre"".