Tenerife
L. SORIANO

Los petardos


6/feb/02 11:59 AM
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LA MÁS RABIOSA actualidad, de la crónica negra, nos hace invitar a ciudadanos y autoridades a una reflexión, ajada por manoseada y en boca de todos.

Es siempre imprescindible, como si de un axioma físico inmutable se tratara, el que hagan falta tragedias como la de Perú y la de Madrid para que se les restriegue a quienes tienen la potestad de impedirlo que apliquen la normativa y castiguen su incumplimiento.

Las tragedias, además, con el avance de las comunicaciones, no deberían aleccionarnos en costillas propias, podríamos aprender de las ajenas.

¿Qué hacen las autoridades para impedir el uso de los petardos? Nada. Un ridículo cartelito que se prohíbe a menores de... el uso de ellos, y tan frescos que se quedan. Navidades, Carnavales y cualquier otro evento-excusa hacen de la calle un hervidero de ruidos desagradables y bromas de malísimo gusto para niños, personas mayores o impedidas, pero también para ciudadanos normales y enteros. La gracia del petardo no se encuentra por ningún sitio.

Los golfos y quienes les amparan, en nombre de no sé qué derechos que sólo ellos tienen a reventar la convivencia pacífica, arrojando desde coches a gran velocidad o desde azoteas y balcones a pacíficios ciudadanos esos terroríficos petardos, estarán contentos con la sangre derramada.

No vamos a esperar que reflexionen, cientos de dos amputados, de ojos cegados y oídos sordos no lo han conseguido.

Pero sí debemos de conseguir que se tomen medidas preventivas de carácter urgente y de contundencia tal, que los desanime y que no permita que nunca suceda un hecho como los acaecidos por falta de previsión a nuestros ciudadanos ni a ningún otro colectivo.

Esperamos la rápida respuesta de nuestras autoridades.

L. SORIANO