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EL POSTIGO ISLEÑO PEDRO PABLO PEÑA

La vida, como una rocola


24/may/02 0:04 AM
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UN APARATEJO como ninguno y un cacharro maravilloso. La rocola es algo sensacional que nos traslada a muchos tiempos. Pincho una moneda de un euro y elijo trasladarme a los 70 con las locuras de unos Pink Floyd exitosos; con la paulatina enfermedad terminal de los Beatles; los ecos a ritmo fúnebre de la Marcha Verde; la latosa sintonía del programa de Íñigo o el tostón de "300 millones"; la nalgada de mi madre por rayarle el disco de Nino Bravo... Se acaba el crédito.

Inserto otra moneda y como por arte de magia el "Wild Boys" de unos amanerados Durán Durán penetra en mis oídos, tornándose, posteriormente, en el sonido del inicio de "La abeja Maya" y el otro insecto de Ruiz Mateos revoloteando con su dulce zumbido en la cabeza de Miguel Boyer; Bonnie M como sintonía de la sede en Tenerife del Mundobasket 86; otra vez mi madre escuchando al rayado Bravo y poniéndose colorada a la pregunta de por qué las niñas se suelen poner "malas" tan a menudo... ¡Mierda!, se vuelve a acabar el crédito y a pinchar.

¡Huy!, ¿qué es eso? Madre mía, que buena está cuando baila ese tema de Bangles; la canción del "Pájaro Moro" parodiando el caso Gescartera y la desbandada de Garzón del PSOE; los acordes de "Misión imposible" con la promesa del PP de arreglar España; mi madre escuchando desde la cocina Informe Semanal, tratando la guerra de Kosovo...

Vaya hombre, puñetero crédito. Dentro de diez años espero tener otro euro más y otra rocola para recordar aquella música que se relacionará con el BBVA; el caso Tindaya y Jinámar y el frenético ritmo de la vida de los 2000.

EL POSTIGO ISLEÑO PEDRO PABLO PEÑA