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EL POSTIGO ISLEÑO AGUSTÍN ARIAS

El obispo y el mendigo


8/nov/02 19:47 PM
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HACE TRES años presencié un gesto, protagonizado por nuestro obispo Felipe, que me llenó de satisfacción. Quise hacer partícipe del hecho a los lectores de EL DÍA, pero entendí que Don Felipe Fernández no buscaba con su acción protagonismo alguno. Fue en una tarde de un sábado cualquiera; disfrutaba junto a Marisol, mi esposa, de un tranquilo paseo por la ciudad de Aguere. Al llegar a la plaza de la Catedral nos sentamos en un banco.

A unos metros, una pareja de jóvenes, con un niño, pedía limosna a los transeuntes. "¡Mira, un cura!", exclamó. Giro la cabeza y compruebo que se trataba del obispo Felipe Fernández García.

"¿Me da algo para que mi familia pueda comer?", le dijo. Don Felipe, sin pensárselo dos veces, indicó al chico que le acompañara a un establecimiento próximo al Ateneo, el Viva María, donde solicitó de un empleado que sirviera lo que el joven deseara. Por aquello de la curiosidad había seguido los pasos de Don Felipe y del anónimo ciudadano, de ahí que, una vez en el establecimiento, captara el ruego del obispo al camarero. Recuerdo que el joven pidió unas hamburguesas y refrescos que, de inmediato, fue a compartir con su compañera e hijo. Y lo hizo reiterándole las gracias al que seguía considerando cura.

Y me he decidido a contarles esta bonita historia al saber de la existencia de cierto escrito en Internet donde "alguien o algunos", amparándose en el anonimato y la cobardía que permite la red, acusan de ególatra y de vivir a espaldas de la pobreza a Don Felipe, una persona de gran corazón y amor al prójimo.

EL POSTIGO ISLEÑO AGUSTÍN ARIAS