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PEDRO FUMERO

Otra gestión turística


10/jun/03 10:14 AM
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El Barranco del Infierno, en Adeje, es algo más que un espacio natural protegido. Se trata de un símbolo, sin el cual no es posible entender el nacimiento de su casco histórico ni la importancia que adquirió la agricultura hasta la década de los setenta del pasado siglo. Hoy su agua ya casi no riega huertas de plátanos y tomates. Pero, indudablemente, sigue siendo válido como recurso turístico y didáctico para los turistas y la gente de aquí. Entre sus riquezas, una planta que sólo nace de forma natural junto al cauce. Desde hace décadas, el paraje ha venido sufriendo una creciente presión humana. Basura, mucha basura, "graffitis" en cualquier lugar, daños a su flora y muchas cosas más. Hubo alguien que se atrevió, incluso, a instalar su "negocio" al lado del camino y utilizar el canal para mantener a buena temperatura los refrescos que vendía. Al barranco sigue entrando mucha gente, aunque las autoridades ordenen su cierre. Y van personas de todas las edades, vestidas de cualquier forma y, claro está, dispuestas a tener cualquier percance. Hace años, el Cabildo y el Ayuntamiento de Adeje plantearon la necesidad de corregir el "desmadre", controlar el número de visitas y ofrecer rutas guiadas. Hasta ahora, ambas administraciones han dado pasos importantes, pero, realmente, este lugar singular puede estar sufriendo las mismas agresiones que hace cinco o diez años. Los lentos trámites burocráticos en algunos casos, los olvidos de algunos políticos y las dificultades habituales para implantar un sistema de estas características han contribuido a que el proyecto no termine de hacerse realidad. Si consultamos la hemeroteca, hace años que algún gestor público anunció la "inminente" puesta en marcha de la iniciativa. Resulta incomprensible que aún hoy no exista un exhaustivo control de lo que pasa en el segundo espacio natural protegido más visitado de la Isla. Que nadie olvide que cuidar este tipo de zonas también forma parte de la gestión y la promoción turística de cualquier municipio, isla o comunidad autónoma. La calidad de un destino también está en sus áreas protegidas y paisajes.

PEDRO FUMERO