Última
NACHO MARTÍN NEGRÍN

Falta de privacidad


9/jul/03 18:23 PM
Edición impresa

supongo que la sociedad exige unas normas mínimas de convivencia para ir tirando, que todos cumplimos sin rechistar y que, bien miradas, la mayoría de las cuales tiene alguna razón de ser.

Que conste que soy uno de los que, gentilmente, espero a que los semáforos cambien de color, procuro no echar el humo del tabaco a la cara de nadie y hasta cedo el asiento en la guagua a las personas de edad. Incluso me pego una ducha antes de meterme en la piscina, una costumbre tan recomendable como habitualmente ignorada. Hasta ahí todo bien.

Sin embargo, hay normas que no acabo de entender y cuya razón de ser nunca nadie ha sabido explicarme. A pesar de que parecen fuera de toda lógica, ahí están y su incumplimiento acarrea, como mínimo, un pedazo de multa.

Me refiero, por ejemplo, a la obligación de llevar puesto en el coche el cinturón de seguridad. Sinceramente, y sin faltar, qué más le dará a la DGT que me lo quite, que me lo ponga a un lado o que lo lleve suelto. Será lo mejor, no digo que no, pero lo más correcto es que lo decida yo.

Y es que la sociedad en la que nos ha tocado vivir, con todo lo democrática que es, mantiene un elevado nivel de intrusismo, que puede llegar a hacerse, en ocasiones, intolerable.

Un gravísimo error es lo que podríamos denominar el "timo del cuestionario". Como se te ocurra rellenar con tus datos la más inocente de las encuestas, no podrás volver a descansar jamás, porque asediarán tu buzón con publicidades, folletos informativos y libelos de todas las clases. Para colmo, la única forma de que esto no te vuelva a ocurrir es escribir a la compañía en cuestión para que te den de baja en sus bases de datos.

Internet se lleva la palma. Hace unos días consulté algunos lugares para veranear. ¿Qué fue lo que conseguí con ello?, pues no encontrar ninguno y, sin embargo, pasarme el día borrando todo tipo de correos electrónicos y ofertas variopintas, la más normal de todas sobre depilación a la cera. Y de ahí para arriba.

NACHO MARTÍN NEGRÍN