Santa Cruz de Tenerife
A BABOR FRANCISCO POMARES

Los complejos del PSOE

15/jun/17 6:09 AM
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Con un Pablo Iglesias derrotado por las prisas y los números, aislado en el Parlamento con el único apoyo de los secesionistas, el PSOE decidió ayer -en una sesión bastante más anodina y aburrida que la del martes- abrir sus oídos a los cantos de sirena de Pablo Iglesias: "Siempre les he respetado mucho", dijo Iglesias desde la tribuna, dirigiéndose a la bancada socialista y despertando el jolgorio de sus señorías. Porque incluso poniendo voz de buen chico, los "siempre" de Pablo Iglesias no resultan en absoluto creíbles. Hace falta tener poca cabeza y muy mala memoria para olvidar todas las veces que Podemos ha jugado al "sorpasso" electoral del PSOE, a la seducción de su militancia y al desprestigio de sus dirigentes. El partido de Iglesias no nació para derrotar a la derecha, un objetivo imposible para alguien que ha renunciado a la transversalidad y el interclasismo, optado por situarse en el margen mismo de la ultraizquierda y en ofrecer su apoyo a quienes quieren romper el país. Podemos nació no para vencer al PP, sino para destruir al PSOE, para secuestrar el discurso de progreso y hacerse con la hegemonía política en la izquierda.

La misma moción de censura se preparó para ese fin: para condicionar primero las primarias socialistas e intervenir después en el congreso de un partido al que el teatrillo podemita de estos dos últimos años ha logrado dejar noqueado, sin programa y sin discurso, más preocupado de no dejarse robar terreno por la izquierda que de volver a recomponer su propio y más centrado electorado.

La inútil censura a Rajoy le ha servido a Iglesias para camelarse a un inexperto portavoz socialista con cuatro lisonjas, algunas sonrisas y un par de cariñitos. Los socialistas andan aún pendientes de definirse y Pedro Sánchez ha dejado al PSOE caer en la trampa de legitimar políticamente a los del teatro, darles el respiro de coger su mano ahora tendida y ofrecer a Iglesias la venta del único resultado reconocible de esta moción de censura: haber logrado que el PSOE recoja el guante y se ofrezca a articular acuerdos y mayorías con Podemos. Preguntado por la posibilidad de apoyar una nueva censura, José Luis Ábalos, en su estreno en las grandes ligas, ha dicho algo así como que habrá que mirarlo. ¿Mirarlo? Las sumas están más que claras: para que prospere una censura contra Rajoy haría falta sumar los votos de Bildu, Esquerra, Podemos, el PSOE y los dos nacionalistas canarios. Después del intercambio de insultos del martes, Ana Oramas y Pedro Quevedo no creo que se presten a ese juego. Pero Iglesias ya ha logrado lo que quería: colocar al PSOE en su terreno. ¿Puede el PSOE llegar a algún acuerdo para alcanzar el Gobierno con los secesionistas catalanes o con la antigua Batasuna? Si la nueva ejecutiva federal del PSOE intentara hacer tal cosa, el PSOE se rompería.

Iglesias sabe eso, y sabe que Pedro Sánchez se dejó engatusar por esa opción cuando las sumas no daban ya para hacerle presidente. Y eso fue el principio del cisma en el PSOE, aún no consumado. Cada vez que tiende la mano al PSOE, Iglesias está pensando en robarles a los socialistas primero el alma y luego la cartera. Es absurdo que el PSOE se deje. Pero en los próximos meses vamos a ver muchas cosas absurdas...

Todo lo que haya de pasar en lo que queda de legislatura tendrá que ver con Cataluña: será la actitud del PSOE con Cataluña la piedra fundacional sobre la que Pedro construya su iglesia y su carrera. Si cierra filas con quienes defienden la Constitución, el PSOE aguantará y probablemente recupere fuelle. Si los complejos del nuevo PSOE lo llevan a un discurso con fisuras, a una posición equidistante, a coquetear con el discurso podemita sobre el derecho a decidir, o a usar Cataluña como estrategia de desgaste a Rajoy y al PP, el PSOE saltará por los aires. Y Pablo Iglesias estará entonces justo donde quiere estar.