Santa Cruz de Tenerife
A BABOR FRANCISCO POMARES

Del rosa al amarillo

8/nov/17 6:04 AM
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El viernes pasado, durante una entrevista en radio, se me ocurrió preguntarle al presidente Clavijo por la desaparición del IGIC en compresas y tampones, un asunto que supone una pérdida de recaudación de 220.000 euros para el Gobierno de Canarias (de un presupuesto de más de 8.000 millones de euros). En realidad, mi interés en la pregunta -y en esos términos fue formulada- tenía que ver más con el hecho de que se hubiera atendido la petición realizada por Podemos, pero no se hubiera incluido en ella los pañales para niños y ancianos con problemas de retención de orina. Se trata también de productos de higiene personal, también derivados de la celulosa, y por tanto susceptibles de un tratamiento fiscal común a los tampones y compresas. Con el añadido de que se trata de productos caros, de uso diario y -en el caso de los pañales para ancianos- con un uso continuado durante muchos años. Carezco de estadísticas de consumo, pero intuyo que las ventas de pañales infantiles o para pérdidas de orina podría sumar un volumen no muy inferior al de los productos higiénicos de uso menstrual.

Se ha publicado que aplicar un IGIC de tipo cero a compresas y tampones supone un ahorro de entre dos y ocho euros anuales para cada usuaria, pero yo creo que debe ser bastante menos. Si hubiera sólo 220.000 mujeres que usan tampones o compresas en Canarias, tocarían a euro de ahorro por año. Y supongo que debe haber más de 220.000 mujeres que las usan. En cualquier caso, el asunto de la desaparición de la "tasa rosa" ha provocado un extraordinario impacto mediático. Es cierto que se trata de un ahorro ridículo, pero a juicio de Podemos, que propuso la medida, el impacto simbólico de la decisión ha sido trascendente y enorme, porque Canarias es la primera región española que aplica una reducción de la "tasa rosa". Y así vamos, de impacto simbólico a impacto simbólico, hasta el taponazo simbólico final?

Porque lo que realmente parece llamativo de este asunto es que el mero hecho de haber planteado una pregunta sobre la extensión de la exención a los pañales te convierta en sufrido protagonista de una campañita en redes sociales, trufada de calificativos tan respetuosos y entrañables como "cretino", "machoman" y "tractor amarillo" (este último aún no lo he pillado, pero reconozco que tiene su encanto).

En los últimos tiempos, mantener cualquier posición -cualquiera- que implique no ya un cuestionamiento, sino incluso una mención a asuntos que tengan que ver con lo políticamente en boga, ha acabado por convertirse en actividad de riesgo. Estamos llegando al extremo de no poder examinar ninguna medida que tenga que ver con asuntos sensibles, sean estos relativos a política de género, inmigración, pobreza, la independencia de Cataluña o cualquier identidad sexual de las que hoy salpican el espectáculo televisivo. Mantener una posición propia, no necesariamente contraria a nada, te convierte automáticamente en machista, xenófobo y racista, un miserable explotador, fascista, homófobo o lo que toque.

Y el caso es que yo sigo pensando que las pérdidas de orina son tan dignas de ser consideradas subvencionables por el Gobierno como las que produce la menstruación. Y por los mismos motivos: no sólo afectan también a millones de personas, sino que un poco -sólo un poco- más de la mitad de esas personas son mujeres. No entiendo por qué pedir que se elimine el IGIC de los pañales le convierte automáticamente a uno en un machista representante de la opresión patriarcal. Tendré que hacérmelo mirar.