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A BABOR FRANCISCO POMARES

El futuro de don Antonio

3/mar/18 6:13 AM
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La polémica sobre el informe de la Audiencia de Cuentas -y la reacción de Antonio Morales ante esa polémica- ha desbordado los límites de lo razonable, convirtiéndose en una pelea de taberna en la que Morales -algo sorprendente, viniendo de un tipo que aparenta ser circunspecto- no cede un ápice, no retrocede un centímetro: los malos son los otros, los que le critican son manipuladores, tramposos, mentirosos y sicarios al servicio de potencias extranjeras. Quienes publiquen cualquier cuestionamiento de su pasado o presente proceder son el enemigo. Y al enemigo hay que exterminarlo con pasión religiosa.

Al final, uno no está aquí para ocuparse de la sicología ajena. Estoy convencido absolutamente de que Morales no actúa por instinto o por pasión, sino por cálculo: ha asumido el rol de líder carismático de Gran Canaria, y es perfectamente consciente de que esta pelea, o cualquier otra, lo empuja camino del éxito. Morales barrerá en las próximas elecciones al Cabildo, porque se ha convertido en la voz que más se escucha en Gran Canaria, incluso en la única, sobre todo ahora que Román Rodríguez ha decidido quedarse callado.

La gente quiere discursos contundentes, y el de Morales lo es: el malo es el de enfrente, y los de aquí que no estén conmigo es porque son mandados del de enfrente. En Gran Canaria se ha construido en los últimos años una verdad que nadie discute, que es la de que el poder político regional lo usufructúa Tenerife desde hace años en su propio provecho. Tenerife adquiere una cualidad simbólica, mitológica -como antaño la tuvo Gran Canaria para los tinerfeños- y da igual lo que puedan decir las estadísticas, los informes y los datos.

Yo ya viví un fenómeno parecido en Tenerife, en los tiempos en los que el alcalde Hermoso se convirtió en el líder de Tenerife con argumentos casi idénticos a los que hoy esgrime Morales. Fue tan potente su discurso, tan asumido por los tinerfeños, que después de cuatro legislaturas seguidas con presidentes de Tenerife, en la Isla decenas de miles de personas siguen creyendo que esta región la gobierna desde la sombra un sanedrín grancanario que seduce, compra o secuestra a los políticos tinerfeños en cuanto pisan La Isleta. Canarias es extraordinariamente compleja, y las ideas que la recorren y conforman -como el pleito insular- vienen de viejo. Pero algunas cosas han cambiado mucho con la Autonomía. El insularismo tuvo su momento a finales de la década de los ochenta, y fructificó en todas las islas, menos en Gran Canaria, que era la isla desde la que entonces se gobernaba la región. Pero hoy es distinto: hoy las islas periféricas tienen un peso extraordinario en la política regional, y las de la provincia de Las Palmas -Lanzarote y Fuerteventura- también en la economía. Ya no se puede hacer isloteñismo de isla grande, porque lo que vas a tener enfrente no va a ser a otra isla grande, sino a las tres grandes y las tres pequeñas. Al resto de Canarias.

Morales ganará otra vez las próximas elecciones, probablemente por goleada, pero el discurso que sostiene va a conducirle al ostracismo. Crecerá en Gran Canaria y se aislará regionalmente, ese es mi vaticinio. Y creo también que ese carácter suyo tan soberbio terminará por enfrentarle a muchos, dentro y fuera, y probablemente lo llevara a pasar por el suplicio de los tribunales. No sé si lo merece o no, pero sí sé que le ocurrirá. Como a tantos otros antes que a él: aquí hemos convertido los tribunales en la segunda pista del circo de la política.

A BABOR FRANCISCO POMARES