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A BABOR FRANCISCO POMARES

Un cuarto de siglo de hegemonía

12/abr/18 6:19 AM
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Coalición celebra estos días un cuarto de siglo de vida, aunque la cifra no es exacta: lo que se creó el 31 de mayo de 1993 no fue una fuerza política, sino un pacto entre partidos para apoyar una moción de censura protagonizada por Hermoso, entonces vicepresidente del Gobierno de Canarias, contra su presidente, el socialista Saavedra. Fue ese el inicio de la heterodoxa andadura de un proyecto político que cuajó con la presentación conjunta de las AIC, Ican, el Centro de Olarte, los majoreros y el Partido Nacionalista Canario, a las elecciones generales de 1993, por primera vez bajo las siglas de Coalición Canaria. El experimento funcionó, y permitió a los nacionalistas obtener cuatro diputados en esas legislativas, y 21 diputados en las regionales de mayo de 1995, consolidando con ello el Gobierno nacionalista, en un pacto con el PP. Diez años más tarde, Ican sufrió una escisión -principalmente en Gran Canaria- que daría lugar a Nueva Canarias, un partido liderado por quien había sido presidente del Gobierno coalicionero hasta 2003. Dos meses después de la escisión, en mayo de 2005, la coalición partidaria que gobernaba las Islas decidió convertirse en un partido único, con el mismo nombre usado para participar en las elecciones: Coalición Canaria.

Desde sus inicios como fuerza política -en 1993- hasta la escisión de Nueva Canarias en 2005, Coalición se mantuvo en el poder, siendo siempre la fuerza política más votada del Archipiélago, con más de un tercio del voto regional. A partir de la escisión, el voto nacionalista se dividió entre Nueva Canarias y Coalición, que dejo de ser la fuerza política mayoritaria: en 2007 lo fue el PSOE, en 2011 el PP y en 2015 nuevamente volvió a serlo el PSOE, aunque en un práctico empate de las tres fuerzas mayoritarias que quedaron todas por debajo del veinte por ciento de los sufragios. La suma de los votos nacionalistas -Coalición y Nueva Canarias- supuso el 29 por ciento de los votos en 2007, el mismo porcentaje en 2011 y el 28 por ciento de los sufragios emitidos en 2015. La crisis económica y la eclosión de los nuevos partidos -Podemos y Ciudadanos- supuso grandes retrocesos para el PP (casi la cuarta parte de sus votos) y el PSOE (más de un 44 por ciento), pero solo provoco la pérdida del seis por ciento de los votos nacionalistas, y un aumento de cuatro diputados: 18 de Coalición Canaria y cinco de Nueva Canarias, frente a los 19 obtenidos por Coalición Canaria en 2007.

La lectura de todos esos datos es obvia: durante 25 años de hegemonía política en esta región, tanto Coalición como el conjunto del nacionalismo canario han resistido mejor el desgaste electoral de lo que lo han hecho el PP y el PSOE. Lo exótico e inexplicable es que, manteniendo el nacionalismo en Canarias esa extraordinaria capacidad de resistencia electoral, el histórico conflicto de liderazgo entre Coalición y Nueva Canarias -que provocó la escisión de 2005- mantenga al Gobierno regional en el "impasse" de una minoría parlamentaria que impide gobernar, y lastra al conjunto de Canarias con enfrentamientos improductivos y constantes. Enfrentamientos centrados en los medios, en el Parlamento y entre el Cabildo grancanario y el Gobierno, mientras la actuación parlamentaria en el Estado se coordina y maneja sin problemas.

No se trata de un conflicto ideológico -por más que Nueva Canarias guste de situarse en la izquierda-, sino de un conflicto de intereses personales. Una pelea por ver quién manda, que no acabará con el nacionalismo, pero que bien podría dejarlo fuera del Gobierno tras las próximas elecciones.

A BABOR FRANCISCO POMARES