Venezuela

Delincuencia: otra batalla perdida


7/may/03 6:21 AM
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VENEZUELA NO AGUANTA más muertos. Tras la presión de una sociedad paralizada por el miedo, el general Lucas Rincón, ministro de Interior y Justicia y único general con tres soles del ejército venezolano, tuvo que admitir ?¡al fin!? que "la situación de la inseguridad es grave".

En los últimos días, el aumento indetenible de la delincuencia en este país produjo una oleada de críticas en los medios de comunicación. Por primera vez, en una marcha del 1º de Mayo, Día del Trabajador, la oposición trabajadora venezolana no pidió mejoras salariales, sino trabajo y seguridad. Por su parte, un canal de televisión reunió firmas para solicitar al Gobierno un plan de emergencia para combatir el hampa. Por encima del desempleo, del hambre, del desabastecimiento, la población se siente desprotegida ante el avance de los criminales.

Después de cuatro años de gobierno chavista y miles de muertos, el Gobierno se siente aludido, o más bien herido en su amor propio. Ante las presiones, el ministro de Interior y Justicia asegura que la culpa no es del presidente Chávez ni de su Gobierno, porque simplemente se trata de un problema heredado de los anteriores y que lamentablemente la Policía Metropolitana "está con los brazos cruzados".

De lo que no habló el ministro-militar fue de los 4.961 muertos del año 1996, en comparación con los 9.964 asesinados durante el segundo año del mandato de Chávez (2002), y con los más de 2.000 masacrados en lo que va del 2003. Tampoco contó la verdadera historia de la Policía Metropolitana. Lo cierto no es que esté de brazos cruzados, sino que carece de armas, motos y patrullas para hacer su trabajo, y no por falta de presupuesto sino porque, simple y llanamente, se las quitó el propio Gobierno. ¿Extraño? ¿Inconcebible?..., cualquier cosa es posible en "la dimensión desconocida" del régimen chavista.

Durante años, la Policía Metropolitana combatió más o menos eficazmente la delincuencia caraqueña. Los "tombos", como familiarmente se les conoce a estos policías, viven en su mayoría en los cerros y barrios más pobres de Caracas y conviven con los hampones. Saben quiénes son los "choros", dónde se esconden; son vecinos de los "malandros", están informados de cómo funcionan las "bandas" y quiénes son sus "capos". Por eso su labor de inteligencia es tan importante. Sin embargo, Chávez prometió acabar con la Metropolitana y casi lo consigue. ¿Por qué? Muy sencillo, ésta es la verdadera historia:

La Policía Metropolitana pertenece a la Alcaldía de Caracas y su alcalde es Alfredo Peña. Peña fue, durante un tiempo, amigo, compañero e incondicional del presidente Chávez, hasta que se convirtió en uno de sus más acérrimos enemigos. El presidente nunca se lo perdonó y se juró a sí mismo acabar con Peña y con "su" Metropolitana. A raíz de los hechos de abril del 2002, Chávez vio la oportunidad de cumplir su venganza y acusó a la policía de Peña de ser la causante de los muertos y heridos de la marcha a Miraflores. La Metropolitana terminaría tomada por el ejército y despojada de la mayoría de sus armas y vehículos.

Peña luchó incansablemente por los derechos de su policía y, aunque existe una orden del Tribunal Supremo de Justicia para que el Gobierno le devuelva armas, motos y patrullas, el mandato del más importante ente judicial no ha sido acatado. La desfachatez del Gobierno es tan grande que, recientemente, unos vehículos donados por el Gobierno español a la Metropolitana fueron incautados en la aduana venezolana y ahora son utilizadas por la policía política de Chávez.

Esa es la parte del cuento que el ministro de Justicia calla, pero que todo el mundo sabe. Por eso ya nadie en Venezuela cree en los voceros del Gobierno de Hugo Chávez Frías, y por eso mismo tampoco nadie confía en las palabras de sus subalternos. Ante las críticas de un pueblo desangrado, el ministro de Justicia aceptó la gravedad del problema de la violencia, pero no dijo cómo hará para desarmar a delincuentes que cuentan con armas automáticas, bombas lacrimógenas, ametralladoras, chalecos antibalas y hasta bazucas. Tampoco dijo nada de acatar la orden del Tribunal Supremo y de devolverle sus armas a la Policía Metropolitana. Eso sí, Lucas Rincón fue muy prolijo al atacar a los alcaldes de la oposición que solicitaron su renuncia: "Esos señoritos ?dijo refiriéndose a los alcaldes de Baruta y Chacao, Capriles Radonski y Leopoldo López, pertenecientes a una élite de jóvenes políticos? viven en otro mundo..., lo que tienen que hacer es amarrarse bien los pantalones, porque siempre andan con esos bichos flojos. Son unos vagabundos. Si por mí fuera los metería a todos presos".

A quienes tiene que meter presos, señor ministro, no es a los opositores del régimen sino a los delincuentes, a los que mataron a más de 200 ciudadanos durante la Semana Santa, a los que asesinan a 100 personas durante los fines de semana, a los homicidas de policías y chóferes, a los que viven del robo y del rapto, a los que ya han matado a tantos que ya no les importa seguir matando, a los matones de oficio, a los azotes de barrio, a los sicarios del régimen, a los que han convertido a los venezolanos en viudas, huérfanos, enlutados, paranoicos, lisiados, traumatizados, sobrevivientes y emigrantes.

El problema de la criminalidad se presenta harto complicado para un Gobierno que ha demostrado ser totalmente incapaz, negligente e irresponsable para solucionar dilemas mucho más sencillos, como el de los niños de la calle, la sanidad pública, la entrega de divisas o el de la basura. Por eso, se puede profetizar que el Gobierno de Chávez saldrá derrotado en esta lucha contra la delincuencia. Como se dice en Venezuela, esta guerra es "mucho camisón pa Petra" y le queda muy grande al general Lucas Rincón: tres soles son demasiados para quien no ganó nunca ni una sola batalla.