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FIDENCIA IGLESIAS GONZÁLEZ *

A D. Juan Ravina Méndez. In Memoriam


13/abr/02 22:36 PM
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ES UN MES DE ABRIL TRISTE. Sin recuperarnos aún de la tragedia ocurrida en Santa Cruz el Domingo de Resurrección, una llamada al mediodía nos comunicaba la muerte del maestro, del padre, del consejero, del amigo.

Se nos ha ido para siempre un Patricio de Tenerife, defensor de nuestro patrimonio, de nuestra gente, de nuestro territorio. Nos ha dejado un caballero que llevó como estandarte la coherencia, la ética y el amor a su pueblo.

Tenerife estará siempre en deuda con D. Juan Ravina, ya que su legado se perpetuará más allá de nuestra generación.

Los que hemos tenido la dicha de disfrutar de su cercanía, de su enseñanza, de su amistad, de sus consejos y, algunas veces, de sus aseveraciones, lo llevaremos siempre en lo más profundo de nuestro corazón. Él nos marcó el camino a seguir. Con su ejemplo de austeridad y honradez nos puso un listón muy alto, que nos obligaba a esforzarnos día a día un poco más.

La Isla que le vio nacer reconoció su dedicación y su amor al terruño el pasado 15 de junio al otorgarle la Corporación Insular la Medalla de Oro de la Isla de Tenerife.

El amor de D. Juan por su Isla se define en un sencillo detalle, observando una pequeña mesa de su casa donde se encuentran sus objetos más queridos: las fotografías con Dª Maruja, su esposa, y su tierra, representada en la Medalla de Oro de la Isla. Desde hoy, su familia tiene un "tesoro" más que añadir a este rincón entrañable del hogar de D. Juan y Dª Maruja, la bandera de Tenerife con el escudo bordado de la Isla que, en un acto íntimo y cargado de emoción, le entregaba a su hijo José Luis Ravina el presidente del Cabildo Ricardo Melchior, como un último homenaje a este gran tinerfeño.

Fueron muchas las veces que vimos a D. Juan Ravina citar a Nicolás Estévanez, y creemos que tenían muchas cosas en común. Los dos eran inteligentes, sensibles, rigurosos, honestos y amantes de su tierra. Ambos fueron políticos muy comprometidos con nuestros "peñascos".

Sentimos el orgullo de contarnos entre sus amigos y su bonhomía nos acompañará siempre. Es imposible emular a D. Juan, pero los que hemos tenido la suerte de verle actuar, tomar decisiones complejas sin temblarle el pulso cuando estaba en juego el interés general, quienes hemos sido testigos de su humildad, su religiosidad, su tremenda humanidad y personalidad que llenaba cualquier lugar donde se encontrara, sabemos de lo irreemplazable de su figura.

D. Juan Ravina nos ha dejado un poco huérfanos y con un gran vacío en el alma. Sin embargo, su obra, su huella y sus enseñanzas, son una herencia que debemos recibir todos los tinerfeños en nuestra mente y en nuestro corazón. Porque nos ha legado un amor sin medida por Tenerife, su tierra, solamente superado por la adoración que profesaba a su esposa.

* Consejera del Cabildo de Tenerife

FIDENCIA IGLESIAS GONZÁLEZ *