Vivir
LO ÚLTIMO:
Cuatro heridos en un ataque con cuchillo a una escuela en Oslo leer
MONÓLOGO MERCEDES A. ALEXANDRE

La primera comunión y sus consecuencias


11/jun/02 0:47 AM
Edición impresa

EL QUE MÁS Y EL QUE MENOS ha pasado por tener que celebrar una Primera Comunión. Momento muy importante en la vida del niño, de la madre y de la abuela, claro, pero para el padre de familia, aparte de la emoción, el moqueo por culpa de esa lagrimita indiscreta, es un día trágico para su cartera y tarjetas de créditos.

En primer lugar, está la compra del traje de la Primera Comunión; que, por cierto, tienen unos precios que parecen que al niño, o la niña la han vestido en la Pasarela Cibeles. Cuando le están probando los trajes al niño, la abuela insiste en que el traje se le debe comprar una talla más, porque así le sirve para alguna ocasión... pero yo me digo... ¿Dónde piensan llevar al niño vestido de marinerito? Como no sea a ver llegar los barcos al muelle de Santa Cruz... ¡En fin! Y el traje de la niña ¡no digamos! ¡Ni el de una novia! No se vaya a pensar que solamente tiene que pagar el traje del niño, o de la niña, está el de la parienta... que hay algunas que se visten de luces como Jesulín de Ubrique y si para colmo tiene más hijos el gasto se multiplica y aquí no queda eso... ¡está el convite! Porque eso de hacer un desayuno como antes ya no se lleva... ahora son almuerzos... al pobre hombre le cuesta una harta de dinero y encima les ponen lo de siempre en estos eventos:

Canapés surtidos "A la carrera de obstáculos" porcaron si no practicas ese deporte no pruebas ni uno... porque están elaborados por un chef que no sabe contar ni con calculadora, si sacas la cuenta cabes a un cuarto de canapé por invitado.

Consomé al Jerez (que es un caldito de avecrem con un chorrito de vino, que es de cualquier lugar menos de Jerez).

Pechuga de ave a la naranja (un trocito de pollo a la plancha con una rodaja de naranja encima... que se te pierde en el plato).

Y la tarta blanca y rosa llena de iglesias, angelitos, etc... que hace que terminen todos los niños peleándose a puñetazo limpio por los adornos, terminando todo como el rosario de la aurora y manchados todos de merengue, hasta las lentejuelas de la madre se pringan.

Antes, la Primera Comunión se hacía sola, ahora son cientos de niños y niñas a la vez y todos los familiares quieren estar en primera fila para ver el momento culminante, que el momento, por cierto, es un segundo, porque el cura da la comunión como si estuviera repartiendo las cartas en una mano de póquer. Y no puede faltar el fotógrafo profesional, y el padre piensa en el gasto del fotógrafo, ¡que pone unos precios!... que le traía más cuenta contratar al Almodóvar y total, como dice el padre, "pa tener una foto del niño con la lengua sacada".

Llega el momento de que el niño, haciendo un esfuerzo, con cara de bueno y envuelto en una especie de aura celestial, te mira y te da una estampita y está pensando mientras te mira a los ojos: - Suelta una buena propina, o se lo digo a mi padre.

Resultado de este evento...

El niño empachado de chucherías y quitando algunos familiares que le regalan algún dinerillo se encuentra con una colección de regalos todos de color blanco, seis relojes con correa blanca y angelitos en las esferas, plumas estilográficas blancas y nacaradas y un montón de libritos cursis que sirve para escribir sobre la comunión y que nadie lo hace. Lo único rojo que hay es la cuenta corriente y las tarjetas del sufrido padre, que el pobre piensa que porqué no le han salido los niños ateos, por lo menos hasta que juraran bandera.

El niño comulga el sagrado cuerpo de Cristo y el padre comulga con las normas sociales, manipuladas por esa sociedad de consumo, de la cual todos somos esclavos.

MONÓLOGO MERCEDES A. ALEXANDRE