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FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA *

Vivir ante Dios


16/mar/03 1:31 AM
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EN EL CAMINAR hacia la Pascua, en mi Exhortación Pastoral de este año, he partido de un principio fundamental que nos presenta la Iglesia en el fragmento del Evangelio que se proclama el Miércoles de Ceniza.

En efecto: en ese fragmento del Evangelio se recogen, de entrada, estas palabras de Jesús: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre Celestial".

Se trata de un punto de partida importante: intentar vivir no ante los hombres, buscando su aplauso o temiendo su crítica, sino vivir ante Dios.

No es fácil. Todos preferimos el aplauso a la crítica. A todos nos gusta más la cercanía y la acogida que la distancia y el rechazo. Y es más que explicable vivir de hecho pendientes o, mejor dicho, dependientes no de la verdad y del bien, sino de la imagen, de la reacción de los demás. Cuesta, no pocas veces, vivir ante Dios, ser fieles a nuestra conciencia, ser libres ante la opinión de los demás, razonable o no.

Y, sin embargo, el creyente no puede no mirar por encima de todo a Dios. Ante Él debe vivir, en Él debe descansar, a su juicio debe remitirse. Que, en orden a nuestro destino eterno, no es lo mismo vivir de una manera que vivir de otra. Como no es lo mismo salvarnos que quedar lejos de Dios para siempre. Que no han sido borrados del Evangelio estos dos posibles destinos del hombre. Y no nos viene mal recordarlo para vivir ante Dios y contar con Él, sin dejar por eso en absoluto de tener en cuenta a los demás, que, con frecuencia, pueden señalarnos el sentir de Dios, el camino de la conciencia, pero que también, en no pocos casos, pueden reaccionar por criterios y modos nada evangélicos.

De hecho, vivir ante Dios, sentirnos pendientes y dependientes, en último término, del querer de Dios, del deseo de Dios, de lo que agrada a Dios, es el único modo de comportarnos cristianamente y es la verdadera fuente de libertad que lleva dentro de sí el hombre en su peregrinar por este mundo.

De ahí que, en el camino de la Cuaresma, no estaría de más preguntarnos: ¿Ante quién vivimos nosotros? ¿Ante quién buscamos vivir? ¿Qué hondura tiene nuestra vida?

Hacia la Pascua con el Santo Hermano Pedro... Así he titulado mi Exhortación Pastoral de este año. Porque impresiona leer textos del Santo Hermano Pedro como los siguientes: "Cada uno debe preguntarse a sí mismo: ¿con qué fin hago esto? ¿Para honra y gloria de Dios o por cobrar fama de esa que le gusta al mundo? Porque si lo haces con otra finalidad que no sea la gloria de Dios, estás perdido.

Siempre tengamos en cuenta la buena intención, porque a cada rato caemos en el error de no fijarnos en la intención de lo que hacemos o decimos. Por lo tanto, abramos los sentidos, estemos alerta, porque en el día del juicio se verán las intenciones y el daño que nos causó la vanagloria".

Hacia la Pascua con el Santo Hermano Pedro... Es bueno contar con el ejemplo y las enseñanzas del Hermano Pedro para vivir ante Dios. Es bueno contar con su intercesión.

En definitiva, es bueno cuidar el vivir ante Dios. Como nos enseña el Hermano Pedro. Como nos ayudará a vivir, si contamos con él, el Santo Hermano Pedro.

Vivir ante Dios. Un buen punto de partida en el camino de la Cuaresma hacia la Pascua. Como nos lo enseña Jesús y nos propone la Iglesia. Con aquella disponibilidad que formulaba en una sencilla y hermosa poesía Juan Ramón Jiménez:

"Lo que Vos queráis, Señor

sea lo que Vos queráis".

* Obispo de Tenerife

FELIPE FERNÁNDEZ GARCÍA *