La afección de la niebla al aeropuerto de Los Rodeos siempre fue un fenómeno habitual y, en ocasiones -como ocurrió el pasado domingo-, da pie a molestias y al enfado de los pasajeros. Sin embargo, y pese a que los contratiempos aeroportuarios por esta circunstancia meterológica puede parecer que son bastante habituales, estos se sitúan en porcentajes reducidos.

Según datos aportados por Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), la media de desvíos por causas meteorológicas en Tenerife Norte-Los Rodeos durante los últimos tres años es del 0,4% sobre el total de operaciones programadas. En el caso concreto de 2017 fue un 0,17%, lo que, en términos absolutos, supone 103 vuelos. Mientras que en 2016 se registraron los datos más altos de estos tres ejercicios analizados (0,59%), la media en 2015 se quedó en 0,44%.

Mes a mes, el que alcanzó más incidencias de esta naturaleza el pasado año fue julio, con 33 desvíos, un 0,63% de las operaciones previstas. No es causa del azar. Frente a lo que se puede pensar -y al vínculo que se establece entre el invierno y las peores condiciones meteorológicas-, con la llegada del verano aumentan las posibilidades de que se produzcan estos episodios. El motivo fundamental es la acción en la zona de los vientos alisios.

Tras julio se situaron diciembre (15 desvíos, 0,26%) y febrero (14, 0,34%). En cambio, la niebla no obligó a desvíos durante los meses de marzo, octubre y noviembre. Los datos también fueron bastante bajos en abril (un caso), junio cinco) y agosto (tres).

Sea como fuere, estas incidencias se podrían reducir con la aplicación de un sistema ILS avanzado, dado que el aeródromo lagunero solo utiliza el nivel más básico de este dispositivo. Para entenderlo, el mecanismo -que cuenta con tres grandes categorías- se compone de un equipo en tierra que emite señales. Estas son procesadas por los aviones y se las muestran al piloto. Se trata, en concreto, de dos haces electrónicos: uno guía al avión en dirección a la pista y otro (la denominada "senda de planeo") es una ayuda vertical por la que el aparato va siguiendo un pasillo de descenso hacia la cabecera. A medida que aumenta la categoría, el aterrizaje puede producirse con una visibilidad de menos metros.

Lo que sucede en Los Rodeos es que está instalado el nivel más alto, pero sus particulares condiciones orográficas y meteorológicas han llevado, pese a reiterados intentos que ha realizado AENA, a dar prácticamente por imposible su uso. El motivo es que esas circunstancias provocan que los pilotos detecten fallos al activar la categoría más avanzada.

las claves

La niebla ha estado vinculada históricamente al aeropuerto de Tenerife Norte-Los Rodeos, lo que motiva desvíos de vuelos cada vez que hay que cerrar la instalación.

Los efectos parecen habituales, dado que generan molestias a los pasajeros y quejas. Sin embargo, las cifras son bastante reducidas.

En 2015 se vieron afectadas el 0,44% de las operaciones programadas; en 2016, el 0,59%, y el pasado año, el 0,17%.

El sistema ILS podría permitir que se produjesen menos desvíos y cancelaciones (en caso de aplicarse su categoría avanzada). Pero lo que ocurre en el aeródromo lagunero es que, pese a que tiene instalada la versión más sofisticada de ese mecanismo, la orografía y la meteorología de la zona impiden su uso.