Carnaval

Zeta-Zetas, otra dimensión

Si la murga merece premio, Javier Lemus y Santi Martel son dignos de un máster 'cum laude' en ingeniería murguera, por rimar letra y técnica. Hasta ese momento, ellos estaban a años luz.
H.G.
16/feb/19 6:28 AM
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H.G.

Bajo la dirección de Javier Lemus y el montaje de Pablo Moreno, ejecutaron una presentación que ya impactó en fase. Pero lo mejor estaba por llegar. El primer tema, Los otros, un diálogo entre la chirigota de Rajoy y la murga de Lemus. Demostración de un tema supercuidado en la caracterización para hacer que personajes populares formaran una murga y, a partir de ahí, reproches cara a cara a los políticos sobre cómo gestionan, con una amenaza, cantaron, "no van a callar" y se lo van a decir.

Entre las genialidades, el momento en el que vistieron al alcalde de Santa Cruz, y le recuerdan que si no le pone el pito a la trompeta, no suena, y otras genialidades. En el grupo de murgueros, colocaron a Alexis Hernández y a Pedro Mengíbar, y le reprocharon por qué no seguían sus consejos. Si en la fase la referencia extemporánea fue la mención a Saida, con lo que le ocurrió hace seis años, esta vez se fueron a la gala de Amargo. Pero Zeta-Zetas fueron divertidos. Y en ese momento de la final se agradeció. Otro momento que pareció de modé, el protagonismo que confiaron a Mariano Rajoy, expresidente antes del verano de 2018. Combinan la puesta en escena con una crítica bien armada.

Pero el segundo tema ya fue una exhibición de técnica con letra. Para aquellos que cuestionan si algún día serían capaces de volar... le resolvieron la duda. Más que una final de murga, fue un rodaje de televisión. La suya, anoche, fue una final de película, en donde no se sabe qué tendrá más premio, si el ingenio de Santi Martel y Javier Lemus o los técnicos que hicieron posible recrear un croma sobre el escenario y revivir escenas como ver a la murga en las colas de la autopista; luego subidos en las guaguas o en la sala de espera entre el personal que cuida a los niños que padecen cáncer. En su reto imposible, también aparecía la murga volando. Y todo eso, con unos componentes enfundados en mallas verdes mientras otros hacían los movimientos para entrar en el plano. Una obra de ingeniería casi cinemátográfica que para disfrutar del tema disfruta de un entorno como el recinto y no las escalinatas del parque. Pero, ayer, a quién le importaba eso cuando acabaron de cantar Zeta-Zetas. Simplemente fueron otra dimensión; una murga de ciencia ficción.