Sociedad

Marta: la cronología de un tránsito natural

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans, que se celebra hoy, la autora de la obra 'Diario Arcoíris' visitó 'El Día' con el objeto de narrar su trayecto, aún no culminado, que empezó hace cuatro años, cuando todos la llamaban Kevin, su nombre de nacimiento.
"M
31/mar/19 6:38 AM
Edición impresa
Marta: la cronología de un tránsito natural

"M i historia empie-za un 17 de marzo de 2001 en un hospital de Fuerteventura. Se escucha el llanto de una niña y una madre agotada por el parto. Los médicos solo miraron entre mis piernas y acordaron que había venido al mundo un niño". Con estas palabras de suma profundidad se inicia el cuento Diario Arcoíris, escrito en primera persona por Marta Torres, que durante 14 años fue conocida por Kevin y en los últimos cuatro ha afrontado un tránsito de cara a un cambio de género que aún no ha culminado en su totalidad.

Con motivo del Día Internacional de la Visibilidad Trans, la santacrucera acudió a la llamada de El Día para ahondar en una cronología cuyos trazos se esbozan en un libro, el suyo, multicolor.

Majorera de nacimiento, a los cinco años se trasladó a La Palma y a los 12, a Tenerife. Poco tiempo después fue derivada al centro de menores del Valle de San Lorenzo -Arona-, junto a su hermano. La relación con su madre no era la mejor. "No la podía ni ver", relata la protagonista, quien también reconoce su rebeldía por momentos. Un vínculo diametralmente opuesto al de la actualidad, ya con 18 años recién cumplidos, cuando se ha producido la reunificación familiar en el barrio de Ofra.

El momento clave en su vida llegó el día en el que se fue de compras con sus compañeros del centro y se calzó unos tacones. "Ahí comprobé que mi cuerpo no se identificaba con lo que me estaba poniendo. Lo comenté en el centro y no me creyeron. Me tomaron por loca". No así Itziar Fernández, su psicóloga en primera instancia, que le ayudó a contactar con las asociaciones LGBTI Algarabía y de familias de menores transexuales Chrysallis.

"Lo que más me costó fue decírselo a mi madre". Pero ella ya sabía lo que Marta iba a contarle. "Me dijo que cuando empecé a caminar ya me intentaba poner sus tacones y a pintarme. Yo no lo percibía porque no me veía desde fuera, pero los de mi alrededor, sí".

El psicólogo Miguel Fernández se implicó en su caso y los tiempos se empezaron a marcar. Había que elegir un nombre: Marta. "Me vino a la mente y así me quedé". Sus compañeros del centro de menores fueron los primeros que se enteraron del inicio del tránsito. En el instituto, el documental sobre transexualidad en menores El Sexo Sentido le ayudó a comunicar, "clase por clase", que Kevin había pasado a ser Marta con todas las consecuencias. "Todos los compañeros se levantaron a abrazarme y fue un momento muy emotivo", rememora.

El 17 de marzo de 2016, el día en que cumplió 15 años, fue el momento elegido para prescindir de toda su ropa anterior y empezar a usar la nueva, así como a salir a la calle maquillada. "Eso hice".

No le duele pensar en su anterior nombre, ni odia la ropa de la que tuvo que desprenderse, ni le hace daño ver sus fotos de niño en su domicilio -es ella misma la que quiere que se mantengan-, ni ha llorado en relación a la situación, dado que su tránsito "ha ido genial. Nunca tuve miedo de salir a la calle", quizás porque "siempre estuve acompañada", especialmente por su madre. Dicen que no hay mayor amor...

El único temor que le invadió apareció cuando se tenía que tomar la decisión de colocar la autoría en su libro -Diario Arcoíris- o no hacerlo. Finalmente, imperó la segunda opción en el relato autobiográfico. El "miedo a las críticas" fue clave, aunque ahora se arrepiente. Después de dos años, su obra vio la luz hace unos meses y quién sabe si habrá réplica. "Le dije a Itziar que si iba bien, a lo mejor hacía otro". Lo que se está pergeñando es un cortometraje sobre el volumen.

Aunque valora la conmemoración del Día Internacional de la Visibilidad Trans, Marta nunca acudiría a secundar a una manifestación de este tipo. No se trata de un asunto de "vergüenza", dado que esgrime que suele ver y quedar con personas transgénero, como ella. La explicación es sencilla: "Me veo tan normal, que no tengo que salir a la calle para gritar lo que soy y lo que no soy". Es, simple y meramente, "una más".

"Hay un enorme desconocimiento por parte de la sociedad acerca de la transexualidad. Igual que el movimiento homosexual tuvo sus años de reivindicación y ahora la visibilización no la podemos cuestionar, creo que estamos en un momento donde las identidades trans están rompiendo el cascarón", manifiesta a El Día Itziar Fernández, psicóloga que ha llevado el caso de Marta Torres en los últimos años y que, además, ha escrito el prólogo de su cuento, denominado Diario Arcoíris.

La madrileña explica que "en las propias universidades no te hablan de ello", a pesar de que debería ser un tema transversal para muchas disciplinas. "No nos han formado para identificar y acercarnos a la diversidad de las identidades de género con respeto y con esa mirada alejada de la patología", agrega.

En el preámbulo del libro, Fernández se acerca "a lo que significa ser trans en un mundo donde se normaliza lo cisexual -personas cuya identidad de género está alineada con el sexo que le asignaron al nacer-. A nosotros no nos han cuestionado nunca nuestra identidad. Pongo el acento en la transfobia y no en las identidades trans. Mientras sigamos tratando a estas personas como enfermas, vamos a seguir pensando que es algo que debe curarse. Si lo enfocamos desde la diversidad de identidades, lo vamos a aceptar con más respeto".

"Cuando escuché de Marta su propia historia, sin intentar enjuiciarla, vi que es mucho más sencillo. Ella es quien ella quiera ser y yo no la contradije en eso. La acompañé porque mi función como psicóloga es perseguir su bien emocional", afirma la profesional.

El entorno es clave en estas situaciones porque "la familia también hace su tránsito. El miedo a la transfobia hace que muchas de ellas caigan en actitudes sobreprotectoras. Exprésate libremente, pero dentro de casa. Va con la mejor de las intenciones, pero el mensaje que lleva implícito es que ser quien eres está mal y hace merecedor de violencia".