Criterios
WLADIMIRO RODRÍGUEZ

Icod de los Vinos o Icod de las Zarzas

21/sep/18 6:26 AM
Edición impresa

En una lectura del noroeste de Tenerife, se pone de manifiesto una crisis agraria y demográfica, de un campo sin campesinos en toda la zona alta, quedando como cultivo la franja costera entre San Marcos y El Rincón en Buenavista. La zona alta, sobre todo entre el barranco de La Chaurera (San Juan de la Rambla) y Erjos, es un campo con apenas surcos, cubierto de zarzas, espinos, helechos, etc., quedando pequeños focos vivos, como la Cooperativa Las Medianías en San José y las hortalizas en Santa Bárbara, en Icod, el resto de las medianías, papas, frutales, millo, forrajeras, etc., apenas cuenta, siendo el municipio de El Tanque uno de los que menos tierras labradas tienen de todo Tenerife.

Valga como referencia Icod de los Vinos, municipio pionero en agricultura, bien de regadío, bien de secano, frutales, papas y, en particular, viña. No olvidemos que los suelos reúnen materiales volcánicos recientes, depositados por los volcanes del Teide y el Pico Viejo. Suelos poco aptos para labrar y favorables para la vid.

Crisis de valores, crisis cultural: Icod ha perdido más del 50% de las tierras cultivadas hace unos años, de tal manera que apenas quedan unas 100 ha de viña, cultivando en estos momentos menos viña que La Laguna, Tegueste, Arico, Granadilla, Santa Úrsula o La Victoria.

Crisis cultural: los niveles de paro, los requerimientos de la viña y la demanda local hacen que la crisis tenga mucho que ver con una degradación de lo local, ya que importamos más de 50 millones de litros, es decir, más de 20 litros/habitante, y un año más de 30 kg de papas por habitante. Aquí y ahora, no miremos para el surco, poniendo dinero público en supuestos puestos de trabajo, en actividades como la eliminación de rabo de gato, mientras las tierras balutas están totalmente cubiertas de penisetum cetaceum y los potenciales campesinos están pendientes de unas pagas que los alejan del campo y de una mejor gestión ambiental.

Dignificando económica y culturalmente los trabajos en la tierra, asociando tierra, trabajo y recursos públicos, penalizando las tierras balutas, favoreciendo los bancos de tierras y la adquisición de productos locales. Así es como se debe luchar contra el rabo de gato. La escuela y la formación tienen que mirar para el interior.

Es contradictorio que solo estemos pendientes de que vengan más turistas, para luego ponerles papas arrugadas de Egipto o Inglaterra. Esto pasa tanto en el mundo urbano como en el rural, llegando a servirse vino de Chile en El Amparo o en El Guincho.

Las tabaibas y el rabo de gato ahogan los parrales o las huertas sorribadas por varias generaciones ignoradas por la modernidad, acomplejadas del campo y los campesinos. ¡Qué mal leemos la cultura de ayer, que no es el pasado y la miseria, es dignidad, esfuerzo, compromiso con la tierra y con sus gentes (las galerías, los canales de agua, los molleros, las sorribas, los malpaíses cultivados, etc.)!

Los vendedores de humo a los turistas, los guías, han de tener más conocimiento del entorno, del trabajo y el compromiso de nuestra gente. Los campesinos no los podemos presentar como a los indios en la reserva, maltratando social y económicamente los productos locales, poniendo en la mesa papas y vinos de importación, mientras los agricultores y ganaderos tienen dificultades para vender su cosecha. La mesa es un fraude que degrada nuestra cultural y el compromiso con la tierra y una sociedad sostenible.

No todo tiempo pasado fue mejor. En la época predemocrática di una charla en la ermita de Santa Bárbara, invitado por los Chicaneiros, sobre las papas y la viña. En esa época los agricultores sufrían una alta marginación, que son parte de la cosecha que tenemos ahora. Dicho encuentro fue vigilado por la guardia civil por considerar que era un acto subversivo. Ahora tenemos oportunidad de hablar, pero también de sembrar campo de otra manera, hemos de poner ilusión y compromiso en que otro campo y otra sociedad son posibles.

 

WLADIMIRO RODRÍGUEZ