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Obras de destrucción familiar

El italiano que mató a su esposa y sus hijos en Adeje o el hombre que asesinó a sus suegros y su propio vástago en Piedra Hincada son ejemplos de asesinos que "eliminaron" a sus familias.
P.F.
25/mar/18 0:17 AM
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L os episodios donde una persona mata a sus propios seres queridos generan mayor conmoción, si cabe, en la sociedad, porque muchas veces no se comprende cómo se llega a esos extremos. El triple asesinato registrado el pasado viernes en Guaza, en el municipio de Arona, da pie para recordar otros graves sucesos que han destruido, física o emocionalmente, a una familia.

A mediados de febrero de 2008, un hombre italiano de 49 años asesinó a su esposa, de nacionalidad belga, y a sus dos hijos, de cuatro y siete años. Los hechos ocurrieron en un dúplex situado en el barrio de Los Olivos, en el municipio de Adeje.

El varón transalpino utilizó un arma blanca para acabar con la vida de las tres personas, con las que convivió varios días antes de morir él también. Según las fuentes consultadas, el presunto autor de los hechos se cayó desde varios metros de altura y pereció. Una de las hipótesis barajadas entonces es que el hombre podía pasar por un problema económico y no vio otra salida que "eliminar" a sus seres queridos.

Otras tres personas de una misma familia fueron asesinadas a mediados de marzo del año 2013 en una vivienda unifamiliar en el barrio de Piedra Hincada, en el término municipal de Guía de Isora.

En esta ocasión, un hombre natural de Cabo Verde se sentía "un don nadie" o "un cero a la izquierda" ante su esposa. Y para terminar con esa situación decidió matar a los referentes más queridos por su mujer.

Acabó con la vida del hijo que tenían en común, de cuatro años, así como con sus suegros y para ello utilizó un arma blanca.

El primero en ser apuñalado fue el abuelo, Dalmacio Mendoza Navarro, de 54 años, en el salón del domicilio. La mujer de este y el pequeño huyeron hacia la azotea. La abuela recibió el ataque mortal en la escalera.

El menor se refugió en un cuarto de la azotea. Fue el último en morir y, tal vez, el que más miedo soportó.

La madre e hija de los fallecidos fue una víctima más de esta tragedia. Hasta tal punto fue así que dicha mujer no pudo acudir a declarar en el juicio que se desarrolló en la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por su estado emocional.

En diciembre del año 2011, dos niños, de 11 y 5 años, Tindaya y Joseba, murieron asfixiados en la casa de Vistabella donde residían. La Justicia consideró que los culpables fueron la madre de ambos, Sonia, y el padre del pequeño, Ponce "El Curandero". Ambos adultos convivieron con los cadáveres varios días. Los cuerpos de las víctimas quedaron en la cama de matrimonio en la que fueron asesinados y aparecieron tapados por una manta. Los gritos de un hombre en la calle llamando por su hija, Tindaya, resultaban desgarradores aquel 13 de diciembre, cuando se descubrió la tragedia.

En febrero de 2004, una niña de 7 años fue asesinada en El Médano. El autor amenazó a la madre de la menor, diciéndole "o te casas o mato a la niña". Carlos Arturo Vásquez cumplió su palabra.

Descuartiza a su padre en la capital

A veces, las familias están compuestas solo por un padre y su hijo. En junio de 2016, un menor de 16 años, de origen brasileño, mató a su padre, lo descuartizó con una radial y los restos fueron introducidos en un par de maletas. Después, el chico se subió con ese "equipaje" en un taxi y se bajó cerca de Valleseco. Unos buzos profesionales que trabajaban para el Puerto descubrieron parte de los restos en una maleta. El adolescente mató a su padre porque este le había mostrado su disconformidad con que consumiera hachís.