Criterios

Centro cambiario


3/jun/03 21:32 PM
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EN RELACIÓN con un artículo anterior mío, un lector me telefonea para decirme que él estuvo muchos años trabajando en Venezuela y que ahora se encuentra de vuelta en Tenerife, y añade que los bolívares que se llevó a aquel país se los compró a un cambullonero. En efecto, el cambullonero no era sólo el que iba a bordo de los barcos que entraban en nuestro puerto, compraba mercancías sobrantes de gambuza y le vendía al gambucero algunos productos procedentes de tierra, sino también el que compraba y vendía divisas (billetes de todas clases), o finalmente, como ya he dicho en esta columna, el que intervenía en las importaciones procedentes de Tánger o Gibraltar, vía lancha rápida.

En el aspecto monetario, el cambullón venía a ser algo así como la "Bolsa", cuando la peseta no cotizaba en los bancos. Instalada en la Alameda del Duque de Santa Elena, allí encontraba usted tanto dólares, como libras, marcos o bolívares. Era muy frecuente oír diálogos como éste: "¿A cómo está el bolívar hoy?", preguntaba alguien. Y el amigo le contestaba: "No sé, porque no he estado hoy por abajo, por la Alameda".

No recuerdo si pasaba por aquella "Bolsa" también la "participación por acciones" en las lanchas rápidas. Porque la organización de algunas de las citadas operaciones era por el sistema participativo. Diez o veinte personas ponían el dinero necesario para una de aquellas clandestinas importaciones y la ganancia se repartía luego en proporción al capital aportado. Dicen que, aunque no había papeles, existía una gran seriedad en el trato.

Con estas actividades que, como se comprenderá, estaban al margen de la ley, pero en las que muchas veces también la autoridad competente miraba para otro lado, corrió mucho el dinero en la isla y el que menos se pensaba uno, estaba enrolado en el tema. La verdad es que muchos lograron ahorrar y hacerse con algunas propiedades, pero otros de los cambulloneros de la época terminaron como todos aquellos que ganan el dinero sin mucho trabajo, entregando "la recaudación" en el cabaret. Se les veía generalmente en las mencionadas salas nocturnas, haciendo correr el champán y sacando, para pagar, aquellos enormes flejes de billetes ?billetes como cogidos al lazo? en los que se confundían el dólar con el bolívar y el franco francés con la libra. De todas maneras muchos, y si no muchos, algunos, de los flamantes edificios que vemos hoy por ahí, se hicieron con dinero proveniente de las lanchas rápidas.