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El Premio Nobel de Churchill


21/nov/05 23:56 PM
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CUANDO, EN 1953, le dieron el Premio Nobel a Sir Winston Churchill, algunos círculos literarios europeos protestaron, diciendo que no había derecho a mezclar la política con la literatura, porque el varias veces primer ministro inglés había destacado como estadista y jefe del almirantazgo más que como escritor, y el Nobel que se le daba era precisamente de literatura. Se dijeron entonces muchas cosas en pro y en contra. Y tenían razón, creo yo, los que preguntaban que si no se le da un premio literario, a un señor que escribe sus memorias en seis gruesos volúmenes (1948-1954), ¿a quién se le va a dar?, cuando a algunos le han otorgado el mismo por un librito de menos de cien páginas.

Estaba yo recordando hace unos días todo aquel follón del premio, cuya concesión, según algunos, estaba enmarcada en secretos inconfesables, cuando conseguí leer ahora, ya más sereno, un periódico, o trozo de periódico, que guardaba desde entonces. Según la versión que allí se daba como secreta, todo el misterio de que estaba rodeado el Nobel de Literatura de aquel año se refería a una deuda. Al parecer, las citadas Memorias de Churchill se habían vendido como rosquillas en Suecia y el primer ministro inglés debía una cantidad importante, por impuestos, a la Hacienda sueca, por lo que se le buscó una solución discreta, como se dice ahora. Se le concedería el premio y el Gobierno nórdico se cobraría lo adeudado por Churchill del importe del galardón.

No sé si tal versión tiene algo de veracidad, pero lo digo para que vean que todas las deudas incluso la del Partido Socialista de Cataluña a La Caixa, pueden tener un discreto consenso. La deuda de Churchill era una "deuda de Estado", y la de La Caixa es una deuda de "estáte quieto, que te puedes caer".